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El holocausto

Actualizado el 28/11/2009, 05:23 p.m.

Pedro Guillén Huayllasco Durante la segunda guerra mundial, el genocidio alemán exterminó a 6 millones de judíos extrayendo de ellos la grasa humana para fabricar jabón. Y por extraña paradoja criminal, ahora, de la grasa humana de 60 cadáveres cruelmente asesinados por una banda de “pishtacos” de Huánuco y Pasco se fabrican cosméticos en Europa - antiguo escenario del holocausto judío. El Holocausto o “solución final” (endlösung de Goering), es decir, la fría, deliberada y despiadada determinación de los dirigentes de la Alemania Nazi de exterminar a la raza judía ha sido la más dantesca implantación del horror que la mente humana ha podido concebir y una de las páginas más sombrías de la historia de la humanidad. Para el racismo patológico de la Alemania nazi el judaísmo era un bacilo incrustado en el tejido de la raza ária, que debía ser eliminado a toda costa. Las cifras de esta demencial decisión son aterradoras. De los 9 millones de judíos que vivían en los territorios europeos ocupados por las tropas nazis de 1941 a 1945 fueron asesinados 6 millones. La grasa humana Los nazis optaron por eliminar a los millones de judíos en las cámaras de gas herméticamente cerrados arrojándoles cristales de zyklon por las chimeneas. Los desdichados se precipitaban contra la enorme puerta de hierro, gritaban y se aplastaban unos a otros. Al cabo de 25 minutos bombas aspirantes eliminaban los gases. Luego, grupos especiales limpiaban con mangueras las heces y la sangre y, mediante garfios, separaban el amasijo de cadáveres para iniciar la repulsiva tarea de “recuperación de elementos útiles”: se arrancaban las piezas de oro de las dentaduras y se ponían aparte los cabellos para colchones y la grasa humana, para fabricar jabón. A continuación, los cadáveres eran trasladados a hornos crematorios y los restos calcinados fueron reducidos a cenizas, que se arrojaban a la corriente de los ríos. Ocurría a veces que, por las necesidades de ahorro de la maquinaria militar germana, las cantidades de zyklon eran insuficientes para matar a todo el grupo, y los supervivientes eran incinerados vivos. Del campo de exterminio de Auschwitz cerca de Cracovia dijo Rudolf Hess que era “la mayor instalación de aniquilamiento humano jamás inventada”. ¿Tuvo el pueblo alemán conocimiento de esta siniestra acción de sus dirigentes? Y si lo tuvo, ¿tenía la posibilidad de evitarla, de modo que su pasividad le convertía en cómplice o responsable de este sobrecogedor genocidio? Probablemente, la respuesta es negativa. Consta que en una reunión de los Gauleiters ? gobernadores militares ? de los territorios ocupados, el 29 de mayo de 1944; Himmler les advirtió: “Ahora ustedes lo saben todo (sobre el genocidio judío), pero es mejor que se lo lleven a la tumba este secreto”.

El holocausto

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