Seis policías han sido detenidos tras un intento de asalto a un banco en Los Olivos, Lima. Esta noticia debiera escandalizar al país, pero hay algunos que no quieren ver el problema y tampoco aceptan la necesidad de una urgente reforma institucional para reducir el desprestigio de una entidad tan importante en la lucha contra la criminalidad. Si siguen así las cosas no hay comando conjunto que nos salve.
Una reforma policial no solo implica un barrido institucional, sino un cambio en sus procesos. Por ejemplo, el reclutamiento de suboficiales al por mayor no está mejorando la calidad del servicio sino, por el contrario, lo abarata y desmerece. Ser policía no debe reducirse a patrullar las calles, sino a estudiar y aplicar estrategias, conocer el marco jurídico que los protege y seguir una línea de carrera profesional.
Hoy en día, convertirse en policía no parece ser solo un acto de vocación, sino un salvavidas para conseguir empleo seguro y un refugio de familiares de forajidos que se infiltran de manera fácil en la institución. Por ahora, es una inversión rentable: te preparas un año, apruebas y listo, ya tienes un sueldo mínimo de 3500 soles, seguro de salud y tu ingreso al sistema financiero. Así estamos arriesgando la reputación policial.
Escucho también decir que necesitamos potenciar el servicio de inteligencia, como si la policía no la tuviera. El problema es en manos de quién recae el trabajo de seguimiento y prevención contra el crimen organizado. Por eso volvemos a lo mismo, como el huevo y la gallina, que no sabemos qué da origen del lastre. Ojalá que la entidad sepa acabar con esos malos elementos que se camuflan de policías.
-