Opinión

EL ISLAM Y LA PEREGRINACIÓN A LA MECA

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

22 de Agosto del 2018 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Desde el pasado domingo 19 de agosto, hasta este viernes 24, se viene realizando en el mundo musulmán el Hach, que es la peregrinación de los fieles islámicos a la ciudad de La Meca, en Arabia Saudí, donde se encuentra la Kaaba, ubicada dentro de la Mezquita Masjid al-Haram, considerada la Casa Antigua. Se trata, pues, del lugar sagrado más importante del Islam, la tercera religión monoteísta en aparecer en la historia de la humanidad (las dos anteriores son el judaísmo y el cristianismo). Según la Aleya 97 de la Sura 3 del Corán, el libro sagrado de los musulmanes, “... es el lugar de Abraham...”, cuya mayor relevancia para los fieles -son alrededor de 1700 millones en el mundo- es que “... quien entra en él estará seguro. Dios ha prescrito a los hombres la peregrinación a la Casa, si disponen de medios...”. El Hach hace realidad la máxima aspiración de los fieles que visitan la Kaaba, cubierta por la kiswa, una tela negra que la cubre completamente, dándole un aspecto de sumo respeto y oración. En el Corán -tengo un ejemplar que me obsequió un Imán-, uno encuentra bellos y profundos relatos de fe de esta religión fundada por Mahoma, el Profeta Mayor del Dios Alá, en el 622 d.C., y no debe mirarse en Occidente con imperdonable sesgo, como sucede, confundiéndose a sus fieles con los extremistas islámicos, terroristas o yihadistas, que no representan siquiera el 1% de los islámicos. Dicho sesgo ha ocasionado, por ejemplo, el absurdo endurecimiento de las políticas migratorias estadounidenses respecto de ciudadanos provenientes de países del Medio Oriente, principalmente. Es verdad que los Estados soberanamente regulan el ingreso de extranjeros en sus territorios, pero no deben hacerlo con prejuicios. Para esta religión, cuyo mayor número de fieles no son árabes -Indonesia, país del Sudeste Asiático, cuenta con la mayor población islámica: cerca de 200 millones, seguido de Pakistán, con unos 140 millones-, los obstáculos que debe sortear en el siglo XXI son diversos, y en ello Occidente debería ser más tolerante al percibirla, procurando una visión más ecuménica y totalizadora.

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