Opinión

El legado del embajador Alfredo Chuquihuara

​El viernes fue la misa conmemorativa del segundo mes de la muerte del embajador Alfredo Chuquihuara Chil. Su peso en la diplomacia peruana se sintió en la Iglesia de Fátima, en Miraflores.

25 de Noviembre del 2018 - 08:23 Miguel Ángel Rodriguez Mackay

El viernes fue la misa conmemorativa del segundo mes de la muerte del embajador Alfredo Chuquihuara Chil. Su peso en la diplomacia peruana se sintió en la Iglesia de Fátima, en Miraflores. Asistieron un exvicepresidente de la República, un expresidente del Consejo de Ministros, tres excancilleres, un exministro de Defensa, un expresidente de la Comisión de RR.EE. del Congreso, tres exsecretarios generales de la Presidencia de la República, colegas embajadores y de otras categorías que tuvo Alfredo en el Servicio Diplomático, cuya asociación presidió, y en general sus amigos que lo apreciaron. Al final de la eucaristía, fueron invitados dos excancilleres y el suscrito para decir una semblanza de Alfredo. Fue la oportunidad que me propuse para enmendar la falsa leyenda, cruelmente difundida, de que Alfredo no contó con el agreement o beneplácito de Panamá para ejercer el alto cargo de embajador del Perú en ese país.

Mostré y leí íntegramente la Nota Diplomática EP.PE. 168-06 de fecha 9/06/2006 por la cual “…se comunica que el gobierno de la República de Panamá ha tenido a bien otorgarle el beneplácito de estilo a su Excelencia ALFREDO CHUQUIHUARA CHIL como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República del Perú…”. Era lo justo. Su dignidad con descollante carrera debían ser preservadas. Ascendió siempre primero o segundo, fue el único diplomático peruano graduado en Harvard, jefe de Gabinete de dos cancilleres, negoció la paz con Ecuador (1995-1997) y redactó la mágica minuta de la reunión de los cancilleres de Perú y Chile (2004), que sirvió para llevar a Chile a la Corte de La Haya. Trajo al Perú al afamado politólogo Francis Fukuyama y al presidente de la Corte Internacional de Justicia, Hisashi Owada. Fue pionero e impulsor de la diplomacia gastronómica peruana. Creó el grupo Toribio Pacheco, reeditó obras de los clásicos de nuestra diplomacia y abrió el Servicio al país, celebrando el Día del Diplomático Peruano con otros estamentos del Estado. En primera fila estuvieron su esposa, Liliana, y su hijo Alfredo -Andrea, su hija con Isabella en brazos, no pudo llegar desde Nueva York-. Con ellos, sus hermanos Luis, el mayor y embajador como él, Roxana y Enrique y sus familiares.

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