Todo ha cambiado en el mundo por la pandemia por lo que necesitamos un nuevo Libro Blanco de la Defensa Nacional. El primero se dio en 2005, cuando era presidente , y el segundo, firmado por el expresidente (2017), en realidad no fue difundido porque su contenido requería ser ajustado.

La última vez que lo tuve en mis manos fue en el despacho del desaparecido ministro de Defensa, General EP José Huerta Torres (1948-2019). En esa ocasión alzó el teléfono y pidió que le trajeran el único ejemplar que tenía correcciones a la mano, encomendándome revisarlo. Su muerte todo lo truncó. Ninguno de los ministros que siguieron lo priorizó. Ahora toca elaborar uno distinto.

En efecto, la controversia con Chile fue resuelta por la Corte de La Haya (2014), cerrando un capítulo bicentenario de pendientes limítrofes con nuestros vecinos. La nos ha virtualizado exigiéndonos virar hacia la ciberseguridad y la ciberdefensa que se hallaban detrás de las cortinas. Por las amenazas transfronterizas y transversales el Perú debe fortalecer su soberanía westfaliana invirtiendo en inteligencia antes que en la fuerza. Para eso no debemos transformar a nuestras FF.AA. sino adaptarlas y/o adecuarlas a los nuevos retos con nuevos roles, sin que pierdan jamás su naturaleza coactiva, coercitiva y disuasiva. Virtualicemos a la ninguneada geopolítica, priorizando nuestros recursos sin los cuales ni las moscas nos harían caso en el planeta.

Pasamos por el Consejo de Seguridad de la ONU (2018-2019) sin trascender por creerlo solo para los diplomáticos y ese error debe ser corregido. ¡Por Dios!, creamos fronteras vivas que jamás hemos tenido y aprovechemos que nuestros militares conocen con idoneidad esos espacios para cambiar la rectoría del Consejo Nacional de Desarrollo de Fronteras e Integración Fronteriza – CONADIF, aún en manos de la cancillería.

Sus reuniones son para llenar actas con acuerdos ilusos mientras las poblaciones fronterizas siguen olvidadas en los auténticos rincones de la Patria. Más militares a las embajadas, ministerios y otras entidades del Estado, para acabar con la mal llamada sociedad civil que nos divide. Nos falta un Libro Blanco contemporizado para sellar el imaginario nacional que no tenemos y para volvernos el país nacionalista que no somos.

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