Hace casi cuarenta años el Perú era dirigido (decir gobernado sería un exceso) por militares. Eran de aquellos que creían en el estatismo colectivista, pero que no se consideraban comunistas. Fueron las épocas en que se produjo el primer gran embate contra el desarrollo económico del país; luego sucedería el terrorismo y los desórdenes económicos de los gobiernos de Belaunde y García en los ochenta. Por aquellos años, el mundo era diferente. Existían dos ejes políticos que pretendían disputarse la hegemonía mundial. Por un lado, Estados Unidos representando los valores democráticos y la economía de mercado y, por el otro, Rusia y su proyecto comunista acompañado del capitalismo de Estado. Fue a inicios de los setenta que el Perú fue sede de una importante reunión internacional, tal vez mayor que la que se realizará en estos días. Por aquellos años, Lima recibió a los representantes del llamado “Grupo de los 77”, organización de países que decían representar un camino alternativo entre Estados Unidos y Rusia, aunque estaban más cercanos a Cuba de lo que hoy Evo Morales lo está de Chávez. En aquella oportunidad, representantes de más de ciento diez países llegaron al Perú para establecer una plataforma con respecto a los dos ejes, al petróleo y otros temas setenteros. Hoy el mundo es diferente, es otro, ha cambiado para bien. El modelo democrático representativo es el reconocido y la intervención del Estado es cada vez más repulsiva a las mayorías. El comunismo no existe, aunque pareciera haber mutado a otras variables políticas. Por otro lado, los adelantos en las comunicaciones han permitido integrar al mundo, haciendo posible la llamada aldea global, en donde las distancias son muchas veces tan cortas como el tiempo en que uno se demora en tipear una palabra en su computadora. Y así, las preocupaciones son otras. Hoy el calentamiento global y la pobreza son los retos que se pretenden afrontar, en una agenda que si bien es urgente pareciera no estar respetando la condición de iguales que plantea la lógica del nuevo mundo. Entonces discutimos con Europa problemas globales mientras que las políticas con respecto a los migrantes que ellos mantienen no nos miden en condición de iguales. Podemos revisar políticas comerciales o fijar protecciones a nuestros bosques, mientras que en Europa se nos sigue tratando casi en calidad de delincuentes. Hoy el Perú vuelve a recibir al mundo. Ahí cerca estarán los hijos de Velasco, los que se niegan a renunciar al pasado, pero la gran mayoría de peruanos y visitantes estarán mirando al futuro desde la perspectiva de la democracia y la libertad económica, como una constatación de que el mundo ha cambiado, pero no lo suficiente.