Por estos días en que nos alistamos para recibir al papa León XIV, hijo ilustre del Perú y en especial de Chiclayo, donde fue obispo por ocho años y la gente lo vio con sus botas de jebe ayudando a los más necesitados en las emergencia de El Niño Costero de 2017 y el Ciclón Yaku del 2023, es bueno mencionar que dicha ciudad y gran parte de la región Lambayeque están expuestas a lo que pueda traer la anomalía climática que está a la vuelta de la esquina, y con una fuerza pocas veces vista.
Los chiclayanos ya vivieron otra terrible experiencia el sábado 14 de febrero de 1998, cuando una lluvia de más de 12 horas seguidas de 114 litros por metro cuadrado en promedio, hizo colapsar la ciudad donde se habían alistado matrimonios y fiestas por el Día del Amor y la Amistad. Además, cientos de casas de adobe se vinieron abajo por la erosión de sus bases a causa del agua acumulada por varios días. En Picsi, cerca del penal, la gente tuvo que armar sus carpas en el cementerio por estar en una parte alta y seca.
Esto lo recuerdan muy bien los chiclayanos y este periodista también, pues me tocó cubrirlo como reportero desde el día siguiente de ese diluvio. Y lo menciono porque han pasado casi 29 años y de presentarse una lluvia similar, los efectos serían los mismos, pues no existen drenes para despejar las aguas ni siquiera del centro de Chiclayo. Plata ha existido, lo que ha faltado es voluntad, honestidad y capacidad para hacer obras en una región que periódicamente es castigada por anomalías climáticas como la que se viene.
Apenas entró el actual gobierno, el ministro de Desarrollo Agrario y Riego, Marco Vinelli, hizo un balance de lo encontrado, y la situación era crítica. Por estos días se está haciendo lo posible para mitigar los posibles daños, pero los plazos juegan en contra a pesar de que la costa norte, Lima e Ica son zonas vulnerables aún sin necesidad de que haya un fenómeno El Niño, por lo que desde hace mucho se han debido adoptar medidas para impedir situaciones como las del Día de San Valentín de 1998.
Y vamos a regiones vecinas, la situación no varía mucho. En Piura, por ejemplo, se está haciendo lo posible por descolmatar el río para permitir que su aforo sea de 3900 metros cúbicos por segundo. Si supera eso, poco o nada se podrá hacer para impedir una inundación. En La Libertad, se está corriendo a fin de acabar de desviar hacia el río Moche –al sur– el cauce de la quebrada San Idelfonso, para que no afecte el centro de Trujillo. Así llegamos al Niño 2027. Como alguien dijo una vez: que Dios nos ayude.