Opinión

El Nirvana de la pena de muerte

COLUMNA: ARIANA LIRA

10 de Julio del 2018 - 07:00 Ariana Lira

Se conoce como falacia de Nirvana a aquel pensamiento que idealiza, erróneamente, una solución para un determinado problema. Dicha suerte corre la pena de muerte.

No hace falta ser madre o padre de estas mujeres asesinadas para desear, desde el fondo de las entrañas, la muerte de sus asesinos. Es, quizás, un instinto, una sed de venganza o justicia casi indesligable de la humanidad misma.

Sin embargo, los más serios estudios criminológicos afirman que no existe evidencia para sostener que la pena de muerte disuade a los potenciales delincuentes de cometer un crimen. Lo que sí está probado, en cambio, es que las penas disuaden siempre y cuando el potencial delincuente tenga la certeza de que, si delinque, se le aplicará la pena que la ley manda. Es decir, un criminal que piensa que el sistema de justicia está pintado, estará motivado para delinquir. Uno que sabe que sus delitos no quedarán impunes, en cambio, pensará dos veces antes de cometerlos.

¿Qué ocurre en un país en el que un juez negocia la absolución de un violador de menores? ¿O donde el 70% de la población desaprueba la performance del Poder Judicial? Evidentemente, la percepción de que las penas no son más que un saludo a la bandera se huele a leguas.

¿Vamos a confiarle a este Poder Judicial negociador, errante y desaprobado la irreversible tarea de decidir la muerte cuando ni siquiera es capaz de aplicar las penas existentes?

En este contexto, el enfoque de género en la educación, aquel que destierre este machismo imparable, no es un capricho. Y mientras medidas populistas se aclaman, el tiempo, tirano, continúa corriendo, listo para la siguiente Jimena, la siguiente Arlette, la siguiente Juanita.

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