Opinión

El otoño del patriarca.

COLUMNA: IVÁN SLOCOVICH

06 de Abril del 2018 - 07:30 IVÁN SLOCOVICH PARDO

El título de la célebre novela de Gabriel García Márquez parece describir la situación que vive hoy el expresidente brasileño Lula da Silva, el antiguo obrero metalúrgico que llegó a gobernar su país cargando sobre sus espaldas la esperanza de millones de pobres que creyeron que aquel viejo sindicalista trabajaría por ellos a fin de satisfacer sus necesidades básicas, sin imaginar que el personaje estaría más interesado en llenarse los bolsillos con plata sucia de la corrupción.

Ahora el patriarca del Foro de Sao Paulo, aquel personaje idolatrado por cientos de políticos de la región que luego de la caída del Muro de Berlín seguían vendiendo a los incautos el discurso de que la “justicia social” y la “igualdad” se lograban con populismo, estatismo y otras políticas ya fracasadas, está a punto de ser llevado a la cárcel por corrupto, por haber recibido dinero mientras supuestamente luchaba por los pobres de su país.

El ícono de la izquierda en Latinoamérica -quien incluso había tenido el descaro de anunciar una nueva postulación a la Presidencia de su país- tiene un pie en la cárcel tras confirmarse la condena de 12 años que le dio la justicia de su país por las corruptelas vinculadas al caso “Lava Jato”. En uno de los procesos, se le responsabiliza de haber recibido un departamento en un exclusivo balneario de Sao Paulo. Ahí tienen al “hombre nuevo” del que nos hablaban.

Resulta irónico que quien llegó al poder pregonando la lucha contra la pobreza, y se llenaba la boca evocando sus orígenes de obrero y sindicalista, haya terminado como uno más de los tantos corruptos y sinvergüenzas que abundan en la región, y que han sido sacados a la luz por el caso “Lava Jato”. Acá tenemos entre algunos de sus seguidores a Ollanta Humala, en prisión preventiva, y a Susana Villarán, a quien ayer le han allanado su casa en Miraflores.

Es verdad que la gestión de Lula da Silva logró reducir la pobreza considerablemente, pero nada justifica el robo ni los actos que ha comprobado la justicia de su país tras largos años de trabajo, pues hacerlo sería avalar la infame frase que dice “roba pero hace obra”. En Brasil, la justicia ha tardado mucho; sin embargo, está sancionando al máximo culpable de una red de corrupción enquistada en el Estado. ¿Veremos acá la caída de más peces gordos?

tags