La inacción del gobierno de Pedro Castillo ya se configura como un daño irreparable al país y uno de los rubros a los que mira con mayor desdén -a pesar de su extrema gravedad- es la inseguridad ciudadana, cuyos tentáculos se extienden por todo el territorio nacional ante los ojos de una Policía Nacional inerme y que el propio primer ministro, Aníbal Torres, ha bajoneado al calificarla de inútil (“siete policías no pueden detener a una persona”).

“No es tan fácil, no es una varita mágica solucionar los problemas del Perú”, respondió el nuevo ministro del Interior, Dimitri Senmache, al ser preguntado sobre su estrategia contra este flagelo. Si ese es su ánimo frente a la delincuencia común y el crimen organizado, lo que tendremos será más de lo mismo, o sea nada, en sintonía con la gestión de sus antecesores. Nunca hubo una voz fuerte, clara y enérgica contra el hampa en todas sus modalidades.

Y es que tampoco hay un liderazgo que devenga desde el jefe supremo de las Fuerzas Armadas y de la PNP, es decir del presidente de la República, quien, por ejemplo, no ha dicho esta boca es mía para exigir la captura de sus familiares y funcionarios comprometidos con la justicia. Lo único que le preocupa al profesor es tener policías a su alrededor para alejarse de la prensa y muchas veces hemos visto maltratos a los periodistas.

Por lo demás, el pueblo la tiene clara: según todas las encuestas, la prioridad número uno del gobierno debería ser la lucha contra la inseguridad y en puestos finales aparece el referéndum por la constitución de marras. Literalmente, el país está cogoteado, sin embargo, Castillo Terrones no se da por enterado.

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