Opinión

El papa en Trujillo

​La noticia por recibir al papa Francisco en enero del próximo año no solo trajo algarabía en la población norteña, sino también preocupación. Con qué cara vamos a recibir al representante de la Iglesia católica y a quienes vienen para verlo a él. Y es que la llegada del Sumo Pontífice no solo trae paz, también hay dinero.

23 de Junio del 2017 - 07:00 Renato Sandoval

La noticia por recibir al papa Francisco en enero del próximo año no solo trajo algarabía en la población norteña, sino también preocupación. Con qué cara vamos a recibir al representante de la Iglesia católica y a quienes vienen para verlo a él. Y es que la llegada del Sumo Pontífice no solo trae paz, también hay dinero.

De esta manera, Trujillo, una de las tres sedes que albergará al Santo Padre, por ahora no está a la altura de las circunstancias por razones obvias: siete huaicos cayeron como siete plagas y la ciudad se levanta de a pocos, con la lentitud de los trámites burocráticos dignos del sector público.

Es una gran oportunidad para mostrar a un pueblo que resurge tras el desastre natural, pero se necesita algo más que ganas. Urge trabajo serio y rápido. La reconstrucción puede durar hasta tres años y uno más de yapa, según los cálculos del Gobierno, pero la gente desespera y no está dispuesta a esperar sentada mientras el Estado avanza a paso de tortuga.

El papa Francisco no viene solo y, aunque no es su fin primordial, tras su figura pulula, mucha gente que quiere verlo de cerca. No todos los días tienes esa oportunidad. Por eso es que su presencia en Trujillo es tan importante para el sector comercial y turístico. Hospedajes y hoteles, así como restaurantes y transporte público, deberán estar a la altura, como las vías de comunicación.

Ojalá que la llegada del Papa sea una motivación para las autoridades, así como para el sector privado, en la bendita reconstrucción del norte. Quedan seis meses para poder cambiar este sombrío panorama y creo que con un trabajo consensuado se puede mostrar una ciudad algo más que digna para recibir a miles de católicos.

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