Opinión

El paso de Francisco

Columna de Eugenio D’Medina Lora

20 de Enero del 2018 - 07:04 Eugenio D'Medina Lora

Francisco llegó al Perú y causó un esperado revuelo. Era de esperarse en un país donde lo religioso forma parte muy intensa de lo cultural. La gente le sigue y muchos no entienden por qué. Pero es el Papa, y como tal, atrae. Ingrediente especial que anima a los peruanos es esa secreta competencia con Chile y mostrar al mundo que en Perú se le trató mejor. Y por supuesto, la novelería, el figuretismo. Hasta periodistas que se jamonean de ateos declaran que se emocionan con el Papa. Todo suma. No importa si eres de izquierda y dices detestarlo por ser cura, pero su mensaje es proizquierda siempre. Puede ser en Ciudad de México o Puerto Maldonado, la condena al capitalismo es marca de clase de Francisco. Tampoco importa si eres de derecha y proclamas que lo amas, cuando te está restregando en la cara ese mismo mensaje, que si te lo espetara un socialista conocido, lo rechazarías con total convicción. Insisto: la gente lo sigue, no sé si lo entiende. Es como que entrara en trance. No parece entenderse para el común de la gente, que el Papa, y en particular Bergoglio, es un sacerdote al que le encanta hacer política. Un Papa que se siente cómodo santificando a Nicolás Maduro, pero no se reúne con Sebastián Piñera. Un Papa amigo de los Kirchner y de los Castro, que detesta abiertamente a Donald Trump. Ese es el lado de la línea en que se ubica Francisco, y que todo el adorno de flores y floro deja cubierto de un velo de ignorancia producto de la estupefaciente parafernalia religiosa. Pero me alegra que mi pueblo lo disfrute, aunque apenas se vaya, volvamos a ser lo que nunca dejamos de ser. Porque a diferencia del trascendental paso de Juan Pablo El Grande por el Perú, cuando se puso de nuestro lado en la década en que luchábamos contra el terrorismo de izquierda más sanguinario de la región, Bergoglio solo dejará fotografías y videos para el recuerdo. Amén.

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