Opinión

EL PERÚ, ANFITRIÓN DE LA 25a CONFERENCIA ANUAL DE OPERACIONES DE PAZ

COLUMNA: Miguel Ángel Rodríguez Mackay

10 de Octubre del 2019 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Mejor fecha que esta semana no pudo ser escogida —acabamos de recordar el 8 de octubre la gesta de Miguel Grau, el peruano del milenio y de la paz universal— para que en el Perú se realice la 25a Conferencia Anual de Asociaciones de Entrenamiento en Operaciones de Paz-IAPTC, que reúne a los especialistas de más de 60 países de los cinco continentes en su compromiso por el mantenimiento de la paz mundial. En los 4 días de trabajo que hoy culminan, se han vertido exposiciones de las novísimas estrategias y protocolos de cumplimiento durante las referidas operaciones de paz con el objeto de lograr el estado de eficacia conforme los estándares universales consagrados en convenios internacionales y en la costumbre internacional. Resulta, entonces, pertinente que hablemos en esta ocasión, en que ha correspondido al Perú, a través del Ministerio de Defensa, liderar este tipo de encuentros sobre acciones militarizadas para imponer la paz allí donde, por el conflicto y el desasosiego de la acción bélica, se suele cruzar las reglas de la tolerancia, superponiéndose el abuso del poder internacional o la fuerza coactiva, como pasó el 6 de agosto de 1945, cuando el presidente estadounidense Harry S. Truman ordenó el lanzamiento de la bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima, lo que se hizo por medio del bombardero B-29 de EE.UU., el Enola Gay, con nombre en código "Little Boy". Recuerdo, entonces, absolutamente pertinente, porque el objeto de las operaciones de paz es justamente priorizar el clima pacífico en aquellos espacios localizados donde suelen producirse los estragos del belicismo interno o internacional. Bien por nuestro país. Se trata, pues, de un evento de trascendencia en el ámbito de la seguridad y la defensa que nos debe servir de mejor contexto toda vez que este año hemos liderado, por segunda vez, el Consejo de Seguridad en nuestra condición de Estado miembro no permanente. Nuestra región no es un espacio de guerras, pero siempre nos preparamos para que nunca lo sea. En esa tarea hay que invertir haciendo política de Estado.

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