Tanto Álvaro como Mario Vargas Llosa han puesto en evidencia la importancia crucial de estas elecciones no solo para el Perú, sino para el subcontinente sudamericano y destacado que son quizá los comicios más importantes, en muchos años, para el hemisferio.

El Foro de Sao Paulo debe estar interviniendo hace rato en la candidatura de Pedro Castillo, una pieza inesperada en su interés político de expandir los horizontes del socialismo del siglo XXI en un país estratégico, que puede otorgarle millones de dólares de financiamiento para sus oscuros planes.

La idea del Foro de Sao Paulo es que el Perú sea su caja chica. Tras la derrota de Fernando Haddad ante Jair Bolsonaro, en 2018, el izquierdismo continental está a la espera de un mecenas que genere los fondos para promover el modelo arcaico y dictatorial que defienden. Ese rol lo cumplió en algún momento Hugo Chávez encaramado en la farsa del éxito falaz que le proporcionaba el precio internacional del petróleo.

Luego, cuando inevitablemente la desgracia sobrevino sobre Caracas, no solo por lo ruin de su economía sino por la ascensión de un analfabeto funcional como Nicolás Maduro, fue Luiz Inácio Lula da Silva el que, a través del dinero proveniente de la Caja 2 de Odebrecht, financió la asunción de regímenes como el de Ollanta Humala en el Perú.

Este 6 de junio, el país se juega no solo su democracia, sino un rol clave en el ajedrez de la geopolítica continental. Estratégicamente, desde la primer vuelta, Maduro no ha querido pronunciarse sobre la candidatura de Castillo (sabe que cualquier mención sabotearía su elección) pero es evidente que lo apoya y espera su triunfo para que la adicción al comunismo no se extinga en esta parte del mundo, para que puedan surgir nuevas rutas hacia la barbarie y se estrenen otros títeres en el patético circo de dictadura, hambre y miseria que profesan.