Opinión

​El Presidente y su “ministro-molotov”

Entonces, le aconsejaron clavarle una espina a su primer ministro y captaron a Vicente Zevallos

15 de Septiembre del 2018 - 07:50 Eugenio D'Medina Lora

Todo indica que el presidente Vizcarra optó por seguir la ruta suicida de su antecesor y se lanzó a confrontar al Congreso. Cierto es que elegir el camino del populismo era una posibilidad “natural”, en su condición de mandatario sin partido y sin sustento de legitimidad proveniente de una elección popular. Pero es suicida teniendo en cuenta lo que pasó con PPK, con quien posó sonriente como si le significara un espaldarazo moral (?!). ¿Cuál es el cálculo de sus estrategas políticos? Que el Congreso no podría hacer uso de otra vacancia sin caer en el desprestigio mediático. Entonces, le aconsejaron clavarle una espina a su primer ministro y captaron a Vicente Zevallos, un congresista que en el portafolio de Justicia se convirtió en algo así como el “ministro-molotov”. Villanueva se iba convirtiendo en un obstáculo en esta estrategia, pues su talante conciliador y sereno no era funcional al espíritu incendiario de esta nueva etapa de relaciones que el Presidente decidió construir. Y entonces apareció un referéndum que, con el pasar de las semanas, ha ido develando que su intención no es modernizar el Estado ni reformar la política, sino abrir un espacio de confrontación con el Legislativo -y en específico, con Fuerza Popular- para descolocarlo y ponerlo a la defensiva. Jugada audaz, aunque pírrica, porque ahora lo que viene es un cargamontón sobre el Congreso para que apruebe, a tientas y a locas, el bodrio de lo que llaman pomposamente “reforma” que el Ejecutivo pretende someter a consulta popular. Un bodrio que ha sido descalificado por juristas y constitucionalistas ranqueados y no solo por los políticos no alineados al Gobierno. El Congreso, mientras esto sucede, tendrá que apelar a las mayores dosis de serenidad, paciencia y tolerancia, a la vez que templanza y persistencia. Y a mejorar su estrategia comunicacional para que no siga poniendo la otra mejilla. Entre tanto, “el Perú primero” pasó a convertirse en una frase hueca más de la historia del Perú.

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