El primer acuerdo político al que tendrá que llegar el nuevo Parlamento tiene que ver con los proyectos dictámenes que quedaron pendientes en el Congreso anterior. Usualmente, cuando se trata de un nuevo Congreso, todo lo que quedó en camino del periodo previo se va inmediatamente al archivo. Los nuevos Congresos suelen empezar de cero su labor parlamentaria. Sin embargo, en estricto, este no es un nuevo periodo parlamentario, estamos ante un periodo que complementa al anterior. Entonces, ¿se irá todo al archivo o heredaremos lo que quedó del Congreso anterior?

No existe en la práctica parlamentaria elementos suficientes que permitan formar una única opinión sobre qué hacer. Quienes sostienen que el nuevo Parlamento debe continuar con lo trabajado en el anterior tienen buenos argumentos: al del carácter complementario de este periodo se suma que esto permitirá avanzar más rápido en la producción legislativa, pues existen varios proyectos que ya cuentan con dictamen y están listos para discutirse en el pleno. Sin embargo, también son atendibles los motivos que esgrimen quienes, por el contrario, piensan que se debe empezar de cero: ¿Cómo se va a debatir proyectos cuyos autores ya no se encuentran presentes para defenderlos? ¿Cómo se puede llevar al pleno algo que fue deliberado en comisión por otros congresistas?

No se trata de una decisión menor. Lo que se acuerde definirá el ritmo y la agenda del nuevo Congreso durante sus primeras semanas de funcionamiento.

Más allá de quiénes integran la mesa directiva o quienes presiden comisiones, son asuntos como éste los que deben de guiar las conversaciones entre bancadas en estos días. No hay tiempo que perder.

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