El Senado dio luz verde al primer viaje internacional de la presidenta Keiko Fujimori, quien asistirá a la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas, la principal vitrina internacional para cualquier jefe de Estado. Septiembre siempre es una pesadilla en la Gran Manzana por la cantidad de delegaciones que congrega. Para Keiko será, además, un regreso cargado de simbolismo: 25 años después, vuelve a Nueva York ya no como primera dama, sino como presidenta.
Hay algunas consideraciones previas. La reciente visita de Marco Rubio a Lima ha servido de preámbulo para la cita. Estados Unidos viene impulsando una agenda de seguridad más intensa para América Latina. En ese contexto aparece el Escudo de las Américas, iniciativa a la que acaba de incorporarse el Perú y que busca articular esfuerzos contra el crimen organizado transnacional. A ello se suman la lucha contra el narcotráfico y la migración irregular, así como el creciente interés de Washington por contener la influencia china en la región.
Está, además, el frente comercial. El arancel adicional del 12,5 % impuesto por la Administración Trump afecta una parte importante de las exportaciones peruanas hacia Estados Unidos. Si ante el anterior escenario arancelario el Perú logró maniobrar con discreción, ahora el panorama es más complejo y exige buenos negociadores.
Así las cosas, Fujimori llegará a Nueva York con una agenda que trasciende ampliamente el simbolismo de su apellido. Será su primera gran prueba en el escenario internacional. Ya no bastará con reivindicar un legado: tendrá que demostrar capacidad para defender los intereses del Perú en un escenario marcado por la disputa de influencia entre dos potencias. En Nueva York comenzaremos a saber de qué está hecha su política exterior.