Los resultados de la prueba internacional PISA indignan y duelen, pues arrojan retrocesos en matemáticas y lectura, y cero avances en ciencias en escolares peruanos de 15 años, lo que ha llevado a que se haya ido diez años para atrás pese a cualquier intento por mejorar la calidad de la educación que, como repiten una y otra vez los políticos, y con mucha razón, es la mejor herramienta para salir de la pobreza y contar con profesionales competitivos para apuntalar el desarrollo del país.
Sin embargo, estos malos resultados no deberían sorprender si se tienen en cuenta las condiciones en que se educa a los futuros ciudadanos peruanos. Para empezar, tenemos hoy un serio problema de anemia en el 34,9% de los niños de entre seis y 35 meses. Y esto no es de ahora. Los menores de 15 años que han sido evaluados son producto de esta delicada situación que no logra ser afrontada con eficiencia desde hace al menos dos décadas. ¿Qué tanto podemos exigir a estos adolescentes?
De otro lado, en la escuela pública tenemos una infraestructura educativa y unas condiciones que, en verdad, son una crueldad y un atentado contra la dignidad del ser humano. Ayer la presidenta Keiko Fujimori estuvo en un colegio que funciona en una losa deportiva en Santa Anita, acá, el este de Lima, donde señaló que apenas el 30% de planteles nacionales cuentan con servicios elementales como agua, desagüe y luz eléctrica. Imposible pensar que así vamos a tener “tigres” en matemáticas, lectura y ciencias.
No se puede dejar de mencionar la baja calidad de un gran grupo de maestros estatales. Son los que en los últimos años, en líneas generales, han recibido aumentos que ya quisieran los profesionales de otros sectores. Ahí aparecen docentes lamentables y limitados como Pedro Castillo y varios de los que vimos en el Congreso del quinquenio pasado. Y eso que no entro a detallar la carga ideológica arcaica que traen encima, que siempre es nociva para la formación de los ciudadanos que queremos.
La solución a las deficiencias educativas tiene que ser integral. La jefa de Estado ha anunciado ayer la construcción de dos mil colegios en los próximos cuatro años, y eso está muy bien. Sin embargo, los retos son mucho más grandes. Si estos logran ser afrontados de manera adecuada y al cabo de cinco años se cambia el rostro de la escuela pública, su paso por la Presidencia de la República habrá tenido un gran sentido, por dejar una huella inmensa para el bien del futuro del Perú.