En el universo sin límite en el que se ha convertido el ciberespacio, que alberga a millones de generadores de contenido de todo el mundo; en el ambiente peruano, Cristopher Puente Viena, llamado “Cristorata”, es uno de los más populares. Con 2,7 millones de seguidores en TikTok y 687 mil en la plataforma Kick, el joven de 23 años, que apela a un discurso elemental en sus videos y transmisiones en vivo, no tuvo mejor idea, al día siguiente de las recientes elecciones presidenciales, de insultar a la población andina del sur del Perú.
En términos duros, despectivos, profundamente racistas, el influencer se despachó a su regalado gusto en insultos y mofas, para cuestionar a los votantes de esa región por haber elegido a un determinado candidato. Tras su penosa emisión, el Ministerio de Cultura, mediante un comunicado, tras condenar la conducta de Puente, informó que la Procuraduría Pública del Ministerio de Cultura trasladará el caso a la Fiscalía Penal Especializada en Derechos Humanos.
Hay que recordar que el racismo y la discriminación están tipificados como delito en el Perú, según el Artículo 323 del Código Penal, que sanciona los actos de discriminación e incitación a la misma. Las penas privativas de libertad varían entre dos a tres años, y pueden aumentar a cuatro si hay violencia o el autor es funcionario público. Este delito incluyen los contenidos racistas que se emiten en redes sociales. Aunque “Cristorata”, tras su delito, trató de suavizar el tema y ofreció disculpas por lo ocurrido, habría que recordarle que eso no basta. “Asumir es de hombres y yo soy un hombre hecho y derecho, me consumió el show. Lancé un comentario nefasto, hice sentir mal a muchas personas”, escribió el muchacho, que parece no darse cuenta que lo que hizo no solo fueron penosos y ofensivos comentarios; cometió un delito.
Muchos de los que han creado una identidad, o un personaje en las plataformas de contenido, deberían entender que no están en un lugar en el que no existen reglas ni límites. Generar contenido con evidente tinte racista debe ser castigado ejemplarmente, al margen de cuan popular sea el personaje, de lo contrario se seguirá pensando, que burlarse de nuestra raza, cultura y valores andinos, es solo “una broma”, para divertir a la audiencia. Eso, definitivamente, no es así.