Opinión

EL REFERÉNDUM ES INEXORABLE

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

27 de Agosto del 2018 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

El referéndum o consulta popular no lo para nadie. En los últimos tiempos, cobra la relevancia política que tuvo en el pasado. Solo en el 2016: los bolivianos le dijeron a Evo Morales NO a la reelección en el referéndum del 21 de febrero de ese año; en el Reino Unido, por el denominado Brexit del mes de junio, sus habitantes decidieron salir de la Unión Europea; y en Colombia, el acuerdo de paz con la entonces FARC fue sometido a un plebiscito en octubre, y ayer en este país, que cuenta con nuevo presidente, se ha realizado un referéndum sobre medidas contra la corrupción. Son solo algunas muestras de la enorme significación política de la consulta al pueblo en el siglo XXI. En el caso peruano, fue estelar al inicio de nuestra vida independiente el principio de la libre determinación de los pueblos, que constituyó una regla para delimitar el tamaño geopolítico del país. Lanzado a la mesa política por el presidente Martín Vizcarra, los primeros alborotados por el sospechado resultado del referéndum para aprobar la no reelección congresal han sido los propios parlamentarios del país que lo rechazan. Los comprendo, pero no pueden evadir 4 conceptos básicos del realismo político sobre la naturaleza del ejercicio parlamentario: 1° El alto cargo de congresista de la República no es para hacer carrera política, sino para ejercer la alta y privilegiada representación nacional en el periodo para el cual han sido elegidos. Al llegar al Parlamento no lo hacen para entrenarse ni ganar experiencia, porque no han sido elegidos para que se queden para siempre en el Estado, como sí sucede con los servidores y funcionarios (aparato burocrático del Estado); 2° Nadie es imprescindible en la cosa pública. Aprenden el trabajo parlamentario en la cancha e incluso cuentan con el apoyo y soporte de los asesores; 3° Nada justifica que a los congresistas no se aplique la prohibición reeleccionista que existe para presidente, gobernadores y alcaldes; y 4° Ningún parlamento del mundo puede evitar u oponerse a la voluntad del pueblo, que es el soberano del Estado. Torcerla atenta contra el pacto universal que consagra que la voluntad popular siempre es superior y definitiva.

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