Al cierre de esta columna, y a menos del 20% del final del escrutinio oficial de la ONPE, no tengo ninguna duda de que Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga disputarán la segunda vuelta y con ello demolerán el significativo riesgo que representaban que aspirantes como el castillista-antaurista Roberto Sánchez o el degenerado, embaucador y farsante profesional de Ricardo Belmont pudiesen ingresar al balotage.
El país, al formalizarse los resultados, podrá aspirar a tener un periodo de tranquilidad. El oxígeno puro que ingresará permitirá expulsar todos los fantasmas que rondaban alrededor de la eterna amenaza de la izquierda radical de estatizar todo lo que sea posible, abolir la Constitución para crear una suya a la medida y perpetuarse en el poder o desarmar el andamiaje que sostiene Julio Velarde en el BCR.
Pero en estos 5 años, el gran reto de Keiko o López Aliaga será lograr el objetivo de que en 2031 el país no vuelva a caminar al borde la cornisa, con el próximo Roberto Sánchez obteniendo 171 mil votos (al 62.64%) en Cajamarca, 122 mil votos (al 84%) en Cusco, 73 mil votos (al 84.84%) en Ayacucho, 64 mil votos (al 85.86%) en Huancavelica, 32 mil votos (al 59.46%) en Amazonas o 13 mil votos (al 94.98%) en Moquegua. En todos los casos, el primer lugar.
Hay zonas ingentes del país en las que el mercado no llega, el capitalismo es una utopía y el resentimiento con Lima una constante. El desafío de la integración tiene componentes económicos y sociales que un próximo gobierno de derecha está obligado a enfrentar. La cuenta regresiva se inicia el 28 de julio y está prohibido fallar.