El gran perdedor de las elecciones del domingo pasado ha sido una manera de hacer política. Perdió la política como imposición de una mayoría, como abuso de los votos. Ninguna de las fuerzas políticas que estaremos en el nuevo Congreso podremos trabajar por nuestra cuenta. Ni siquiera dos o tres juntas. Será necesario sumar muchas voluntades.

Las alianzas parecen estar descartadas, pero no los acuerdos programáticos. Para ello será necesario elaborar una metodología del diálogo y del consenso que no hemos visto en el Congreso anterior ni en mucho tiempo en nuestra política.

El primer paso de dicha metodología podrá apreciarse en la formulación de las candidaturas a la mesa directiva del nuevo Parlamento. También será necesario afinarla a la hora de establecer acuerdos mínimos para el funcionamiento de la institución: ¿Se mantendrá el cuadro actual de comisiones? ¿Se eliminarán los recesos parlamentarios para aprovechar más el corto periodo de trabajo con el que contamos? ¿Seguiremos dedicando tiempo y recursos a los “proyectos de ley declarativos” que en su mayoría son saludos a la bandera?

El Jurado Nacional de Elecciones debe acelerar el proceso de entrega de credenciales a los congresistas recientemente electos para que este Congreso pueda entrar en funcionamiento cuanto antes. Sin embargo, este procedimiento no debe ser óbice para ir alcanzando acuerdos en temas importantes como los arriba señalados. Debemos demostrar que el diálogo, el consenso y el acuerdo no sólo son deseables en política sino que son posibles. De hacerlo, tendremos un mucho mejor Congreso que el disuelto. Todo un reto por delante.

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