Opinión

El sacramento de la Confirmación

COLUMNA: JAVIER DEL RÍO ALBA

05 de Noviembre del 2018 - 07:00 Javier del Río Alba

Nos acercamos al final del año y, como es habitual, unos 8 mil adolescentes reciben la Confirmación en Arequipa, después de haberse preparado en su parroquia o colegio a lo largo de casi dos años. Esta preparación es necesaria a fin de que acojan el don del Espíritu Santo que hace posible que la gracia del Bautismo alcance su plenitud en ellos y, de esa manera, se acreciente su participación en la naturaleza divina, queden más íntimamente unidos a la Iglesia y enriquecidos con una fuerza especial para ser testigos de Cristo a través de sus palabras y sus obras (cfr. LG, 11; CEC, 1285). A través de la celebración litúrgica, Dios envía su Espíritu Santo sobre los confirmandos, al igual que lo hizo sobre los apóstoles y la Iglesia naciente el día de Pentecostés. El día de la Confirmación, entonces, es muy importante para quienes la reciben, así como para su familia, la comunidad eclesial a la que pertenecen y la Iglesia toda.

Desde que en Arequipa hemos mejorado, en su forma y contenido, la preparación para la Confirmación, veo que más adolescentes se sienten atraídos por la belleza de ser cristianos y llegan a la celebración del sacramento con bastante entusiasmo e ilusión de recibir el Espíritu Santo. Comienza así una nueva etapa en su vida, en la que el acompañamiento de los padres y padrinos es fundamental. Los padres deben ser instrumentos de Dios para la maduración y el desarrollo de la fe en sus hijos, en primer lugar con su propio testimonio de una vida de oración y confianza en el Señor, pero al mismo tiempo rezando con sus hijos, yendo con ellos a Misa y animándolos a participar en algún grupo parroquial o movimiento eclesial (cfr. AL, 287-288). A los padrinos, por su parte, les corresponde ayudar a sus ahijados a vivir una vida cristiana y a dejarse guiar por el Espíritu Santo que han recibido (cfr. Ritual de la Confirmación, 5). Si lo hacen así, tendrán la alegría de constatar que, poco a poco, sus hijos y ahijados comenzarán a experimentar la vida eterna en este mundo.

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