Opinión

El silencio de ¿los inocentes?

COLUMNA: JORGE ESTEVES

09 de Mayo del 2019 - 07:30 Jorge Esteves

La clase política ha mostrado un elocuente silencio luego de formalizarse la acusación de la Fiscalía contra el expresidente Ollanta Humala y su esposa Nadine Heredia por lavado de activos. Lejos están los tiempos en que la prisión preventiva de los esposos generó un festín de políticos de casi todos los sectores. La decisión judicial se convirtió en un hecho para uso y beneficio de la propaganda de otros partidos y agrupaciones. Los intereses políticos de la mayoría motivaron que aparezcan reacciones oportunistas. Como se sabe, tendría que ser un tonto el que no se aprovecha de la debilidad del otro en una contienda política.

Ollanta y Nadine son dos personajes que hablaron siempre de ética y valores y los practicaron muy pronto. Y no solo eso. Hay la sensación de que le dieron largas vacaciones a sus promesas de honestidad y transparencia. Sin embargo, ahora no hay “cargamontón” contra ellos. La clase política sabe que de nada sirve tirarle barro al otro. Nadie se va a sentir más limpio porque ensucie a su rival. Es que casi todos están en la misma situación. Incluso hay sibilinos reclamos contra la acusación fiscal detrás de sesudos comentarios de analistas y abogados aparentemente imparciales.

Por supuesto, algunos se refieren a los fiscales como si fueran una especie de pelotón de fusilamiento. Son los mismos que los culpan hasta de la muerte del expresidente Alan García. Felizmente para la mayoría, estos profesionales acumulan las esperanzas de cambio en nuestro país, ya que su labor es fundamental para terminar con la impunidad.

Es cierto, los peruanos ya estamos hartos de tanto indicio de corrupción en casi la totalidad de la clase política. Lo que preocupa es la polarización del país y la ruptura de este sistema sin estar preparados para asumir el cambio hacia una etapa mejor. Como decía el filósofo y escritor argentino Ernesto Laclau: “La diferencia entre los partidos es cada vez menor y eso hace que la gente esté cada vez más desinteresada de la política (…) El problema es que si uno cree que todo es más de lo mismo, no hay ni democracia ni alternativa”.

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