Opinión

En política exterior hay que priorizar en frente interno

​A propósito del permiso aún no concedido al presidente Kuczynski por el Congreso de la República para ausentarse del país, diré lo siguiente: 1° Es muy básico en la concepción teórica de la política exterior que esta se conciba como la proyección externa de los intereses internos de un Estado, por lo que no existe política exterior si acaso como actitud estratégico-prospectiva hacia la comunidad internacional no se externalizan los intereses nacionales, que son los intereses de todos los peruanos.

03 de Septiembre del 2017 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

A propósito del permiso aún no concedido al presidente Kuczynski por el Congreso de la República para ausentarse del país, diré lo siguiente: 1° Es muy básico en la concepción teórica de la política exterior que esta se conciba como la proyección externa de los intereses internos de un Estado, por lo que no existe política exterior si acaso como actitud estratégico-prospectiva hacia la comunidad internacional no se externalizan los intereses nacionales, que son los intereses de todos los peruanos. 

La política exterior lleva más allá de las fronteras del Estado lo que este busca en su propio beneficio. Por esta razón, si nuestras embajadas, por ejemplo, no se esmeran en crear condiciones para colocar nuestros espárragos, no están sintonizando con los intereses del país. Esa es la tarea preeminente del Estado y se hace conforme las pautas de la política exterior que dirige el presidente de la República (Constitución: Art. 118° inciso 11). Así pues, la política exterior, que es un atributo exclusivo del Estado, cuando señala que responde a los intereses nacionales debe entenderse únicamente en el sentido de responder a su destino como sujeto del derecho internacional o como actor de las relaciones internacionales. Con el eminente Carlos García Bedoya, la política exterior no es otra cosa que “los determinados tipos de acciones que impulsa al Estado a hacerse presente más allá de sus fronteras con el objeto de proteger su existencia”. En consecuencia, más allá de que el presidente personifica a la Nación y tiene la máxima representación del Estado, cabría preguntarnos: ante la hipótesis de la ausencia del jefe de Estado en la ONU -no por dejar de asistir se imputarán sanciones al país ni es una regla que los presidentes deban concurrir todos los años a las reuniones de la Asamblea General del máximo foro político planetario-, ¿podría ponerse en riesgo la existencia del Perú y de sus intereses? Si de estos últimos se trata, con un frente interno totalmente vulnerable y conflictual, ¿qué vamos a proyectar? ¿O es que el discurso de Kuczynski tendría la fórmula para pacificar Venezuela cuando ni siquiera lo ha logrado en su propio país? En política exterior hay que priorizar el frente interno, sin el cual aquella no existiría.

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