Opinión

Enrique VIII: A 527 años del nacimiento del rey más absolutista de Europa

Fue, junto a Martín Lutero en Alemania y a Juan Calvino en Francia, el rey que selló el denominado mayor protestantismo de la Era Moderna

28 de Junio del 2018 - 07:50 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

No podía dejar pasar una fecha tan importante en la historia europea, pero sobre todo para el Reino Unido, como fue la voluminosa figura -no es una mera denotación física, por supuesto- del rey Enrique VIII, mentadísimo monarca europeo que ningún sílabo de Historia Universal podría obviar en el rigor de nuestra mejor formación académico-humanista. Fue rey de Inglaterra, uno de los cuatro Estados que componen el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte -los otros tres son Gales, Escocia e Irlanda del Norte-. Ahora bien, Enrique VIII también fue señor de Irlanda y, más allá de que contrajo nupcias durante sus 56 años de vida (1491-1547) hasta con seis mujeres, entre ellas, la primera esposa, Catalina de Aragón (hija de los Reyes Católicos, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla), y la no menos célebre Ana Bolena, a quien luego mandó ejecutar, sin duda este monarca es recordado en la historia porque llevó adelante una de las escisiones políticas más impactantes en la historia de la Iglesia al fundar en su país el anglicanismo e insólitamente convertirse en jefe de la Iglesia anglicana. Lo hizo en un acto de reacción porque el papa Clemente VII no quiso concederle el divorcio de Catalina para casarse con Ana Bolena. Fue, junto a Martín Lutero en Alemania y a Juan Calvino en Francia, el rey que selló el denominado mayor protestantismo de la Era Moderna, impactando de manera inexorable a la Iglesia católica, que por primera vez en su milenaria historia había sufrido un acto de secesión; sin embargo, como nadie, Enrique VIII personificó el derecho divino en su máxima expresión. Hacía y deshacía todo a su antojo y la vida de sus súbditos las decidía casi hasta por capricho. Ese tamaño de “privilegios” ya no los cuentan las monarquías que existen en el planeta. En Inglaterra, y en la mayoría de las casas reinantes, “El rey reina pero no gobierna”, es decir, conserva su calidad de jefe de Estado para las tareas de representación y con atribuciones muy reducidas y de eminente carácter protocolar, dejando las de gobierno para los elegidos por el pueblo, que es el otro soberano, el legado por la Revolución Francesa.

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