Opinión

Entendimiento y no chantaje

Un Gobierno que dialoga no puede ser sinónimo de una administración débil que permita violaciones a la legalidad

12 de Julio del 2019 - 07:28 IVÁN SLOCOVICH PARDO

El Gobierno, a través del propio presidente Martín Vizcarra, ha mostrado su buena disposición para sostener un diálogo con quienes habitan en el entorno del proyecto minero Tía María, en la región Arequipa, luego de que se concediera la licencia de construcción a la empresa Southern Copper Corporation, la cual, por su parte, se ha comprometido a no iniciar las obras autorizadas por el Estado mientras no estén dadas las condiciones.

El diálogo que ofrece el Gobierno y la buena disposición de Southern son muy positivos, ya que es evidente que en el Valle del Tambo existe rechazo al proyecto cuprífero y las cosas no pueden hacerse mediante la imposición, por más importante que Tía María sea para el desarrollo del país. Sin embargo, lo que no puede aceptarse es el chantaje, las acciones violentas y la presencia de personajes que lo único que hacen es sacar provecho electorero de los conflictos.

Un Gobierno que dialoga no puede ser sinónimo de una administración débil que permita violaciones a la legalidad, como tomas de carreteras, ataques a la autoridad policial u hostilizaciones a ciudadanos que sí están a favor de la inversión minera. Tampoco puede dejarse presionar o chantajear por falsos ambientalistas y “caza conflictos” que luego terminan postulando a la presidencia o al Congreso, o por “lentejeros” como los que ya hemos conocido.

No olvidemos que, entre 2011 y 2015, siete personas han perdido la vida durante las protestas en contra del mencionado proyecto minero. El asunto debe manejarse con suma prudencia. En ese sentido, es positivo que se haya movilizado a 400 policías a la zona, sobre todo cuando se ha anunciado una paralización para este lunes. Por más voluntad de diálogo que exista, el Estado no puede renunciar a su misión de velar por el orden ante la posibilidad de que este se vea alterado.

Tía María no puede convertirse en un Conga II, en el que -por las fallas de una empresa que no hizo bien su trabajo ante la población de Cajamarca, por la debilidad del Gobierno de Ollanta Humala que prefirió mirar al costado y por la proliferación de falsos ambientalistas luego convertidos en políticos- todo naufragó y se afectó gravemente la economía del país y en especial la de dicha región, que hoy es una de las más pobres del país, según cifras del INEI.

tags