Opinión

Entre el dengue y la dejadez

El dolor de huesos, los ojos que quieren salirse de la órbita y la calentura no dejan dormir ni vivir.

10 de Mayo del 2017 - 08:35 Renato Sandoval

Cada año lluvioso olvidamos las consecuencias sanitarias. Por ejemplo, ahora solo nos enfocamos en la reconstrucción de pistas, renegamos por la incapacidad de reacción de las autoridades regionales y locales, pero las fuerzas nos abandonan cuando hablamos de salud. Por eso es que nadie pide la cabeza de la ministra Patricia García Funegra y menos la de los gobernadores regionales y los alcaldes por la dejadez en el sector.

Hace poco fui testigo de cómo atienden a los pacientes por dengue. Se les podía ver en el pasadizo de un hospital de nivel II, algunos en camillas y otros sentados -sí, así como los lee- junto a un familiar que poco o nada lleva para protegerse de ser infectado con la terrible picadura del Aedes Aegypti.

En el nosocomio te solicitan que vengas con su mosquitero, más conocido como tul, que compres su Paracetamol efervescente y reces para que no te dé el dengue hemorrágico. No hay mucho que hacer cuando estás infestado, solo cuidar que la fiebre no supere los 40 grados y que haya alguien que te atienda.

Las plaquetas o trombocitos empiezan a disminuir en desmedro del paciente. El dolor de huesos, los ojos que quieren salirse de la órbita y la calentura no dejan dormir ni vivir. Ahora imagínense a quienes lo perdieron todo y están en la intemperie sin protegerse del bendito zancudo de patas blancas.

En el norte del país, a excepción de Piura y Tumbes, no se habla mucho del dengue porque las capitales tienen pocos índices de enfermos con este mal. No obstante, en las zonas periféricas se requiere gente de buena voluntad que ayude con pastillas, hidratantes y mosquiteros. No basta con que hayan llevado alimentos a los más necesitados. Esto no ha acabado.

En Piura cometieron el error de no prevenir y ahora hasta los médicos, los administrativos de Salud y los miembros del Ejército padecen de dengue. No esperemos que en otras regiones donde los casos por esta enfermedad comienzan a incrementarse se cometa el mismo desliz. Esto también significa que los ciudadanos deben permitir la fumigación o pedir que alguna brigada de Salud desinfecte su vivienda.

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