Opinión

ES EL MOMENTO PARA EL BLOQUEO ECONÓMICO SOBRE VENEZUELA

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

07 de Agosto del 2019 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Mi insistencia en el bloqueo económico a Venezuela parece que no cayó en saco roto. En el 2017, en mi columna “Hay que decidir el bloqueo económico a Venezuela”, del 6 de agosto de ese año, haciendo una reflexión prospectiva -nada difícil para cualquier analista que jamás ha creído en las mecidas sistemáticas y muy bien planeadas por el cínico dictador Nicolás Maduro, quien, además, nunca ha mostrado ningún ápice de buena voluntad para realmente dejar el poder-, escribí: “(…) lo que viene entonces es decidir el bloqueo económico de todos los países de la región a Venezuela con el único objeto de lograr la caída del Gobierno”. Hoy, cuando el presidente Donald Trump ha decidido medidas económicas extremas sobre Venezuela, es el momento de que la OEA, América Latina, el Grupo de Lima, Prosur, Perú, etc., se sumen a la dura pero necesaria medida. No debe preocupar los 32.2 millones de habitantes llaneros -cerca de 3.3 ya han abandonado el país- porque están dispuestos a soportar que sobrevenga el congelamiento completo de las cuentas del país en EE.UU., un bloqueo económico si el objetivo es la salida del Maduro del poder, al cual se aferra por casi 20 años. A ninguna diplomacia de los países de la región les debe temblar la mano para hacerlo. El bloqueo, como medida soberana y de responsabilidad unilateral de los Estados, no es otra cosa que el embargo comercial. Lo hizo la Francia de Napoleón Bonaparte a Inglaterra en 1806, y EE.UU. a Cuba en 1960. Considerando que no es posible una invasión militar, pues la Carta de la OEA (1948) y la Carta Democrática Interamericana (2001) la proscriben, y que desde la Carta de San Francisco (1945) no se han cumplido los requisitos para una acción colectiva decidida por el Consejo de Seguridad, lo único que podría tumbar al corrupto régimen chavista es la medida económica. Algunos gobiernos timoratos e interesados del continente actúan según las circunstancias, y eso es condenable. Petróleo también lo tienen otros estados del mundo, y deben ensanchar su vinculación comercial para contarlo. El bloqueo pondrá la soga en el cuello a Maduro y las disidencias continuarán incontenibles para consumar su derrocamiento. Así funciona en el mundo la coerción (amenaza legítima) del siglo XXI, porque la coacción (violencia legítima) sobre Venezuela no la podemos avalar.

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