El pasado viernes se realizó la prueba de conocimiento a los diez aspirantes a jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) y, con 92 puntos, Carlos Loyola Escajadillo quedó como único postulante apto para seguir en el proceso ya que los demás aspirantes no llegaron a la nota mínima de 70.
Lo curioso de esto es que Loyola Escajadillo ya había ganado la convocatoria de abril pasado y superó todas las pruebas, pero no fue nombrado en el cargo debido a que obtuvo cuatro votos del pleno de la Junta Nacional de Justicia (JNJ) y la misma entidad declaró nulo el proceso porque, según su interpretación, se requieren cinco votos para que el nombramiento quede firme. El postulantete ha demandado a la JNJ y ahora ha quedado como único aspirante al cargo.
Fuera del desempeño de Loyola en ambos procesos, el resultado del viernes hace que nos preguntemos cuánto tiempo más puede estar la ONPE sin un jefe titular. La institución que organiza los procesos electorales del Perú lleva meses en interinato, en un momento en que el calendario electoral no da respiro. Acaban de realizarse las Elecciones Regionales y Municipales y hay regiones que van a segunda vuelta el 6 de diciembre.
Si Loyola vuelve a superar las etapas que siguen y la JNJ vuelve a negarle el cargo con el mismo argumento, el problema ya no será de un candidato: será de una institución que no puede, o no quiere, cerrar un concurso que lleva abierto desde la renuncia del cuestionado Piero Corvetto. El Perú necesita una ONPE con jefe y la JNJ tiene la obligación de nombrarlo.
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