Opinión

El Estado Islámico no está acabado

Los miembros del EI operan quizás de manera inorgánica, pero lo hacen y sus acciones siguen causando zozobra

30 de Diciembre del 2017 - 07:42 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

El reciente atentado en Kabul (Afganistán), donde han muerto más de 40 personas, reconfirma que el Estado Islámico (EI) no ha sido acabado como se ha venido afirmando, a la luz del arrinconamiento que le han venido haciendo las fuerzas de la coalición internacional obligándolo a dejar Alepo (Siria) y Mosul (Iraq). De ninguna manera. Los miembros del EI operan quizás de manera inorgánica, pero lo hacen y sus acciones siguen causando zozobra. El mayor número de sus atentados los cometen contra poblaciones chiitas y eso se explica dado que sus miembros son sunitas. Para nadie es un secreto que desde los tiempos en que murió Mahoma, el profeta mayor del Islam en el 622 d.C., las rivalidades entre las dos ramas de esta importante religión monoteísta -la tercera en aparecer en el proceso histórico de la humanidad- no se han detenido. La batalla de Karbala en el 680 d.C. terminó de dividir a sunitas y chiitas y desde entonces son prácticamente irreconciliables. Desde que el Estado Islámico se abrió un espacio al perder fuerza y protagonismo Al Qaeda, luego de la muerte de su máximo líder Osama Bin Laden por un comando de élite estadounidense en Islamabad (Pakistán) en el 2011, el 85% de los atentados que ha realizado han sido contra chiitas. Los odios y las diferencias entre sunitas, que constituyen el 85% de musulmanes en el mundo, y chiitas, que llegan tan solo al 15%, se refleja en el tablero político del Medio Oriente (Arabia Saudí e Irán, son un claro ejemplo) y por supuesto en los territorios de Pakistán y Afganistán, donde las quejas mutuas se confunden con las aspiraciones de dominio y sed por parte de ambas ramas islámicas.

Mientras la comunidad internacional ha condenado masivamente el atentado de la víspera, seguimos esperando que la ONU lidere la acción internacional para acabar con el terrorismo pero, sobre todo, lleve adelante una toma de decisiones para asegurar que sectores y lugares vulnerables de la sociedad islámica no sigan ensangrentándose como hasta ahora y se pueda encontrar el camino para erradicar los extremismos que no permiten la paz en esa región. 

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