Opinión

​Estados Unidos: Matanzas urbanas de nunca acabar

Estados Unidos ha dejado de ser un país seguro, de lo cual se ufanó en el pasado

22 de Septiembre del 2018 - 07:45 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Los tiroteos a morir ya no son una novedad en los Estados Unidos de América. El recientemente registrado ayer en Maryland, que ha cobrado tres muertos, se suma a una larga lista de los cometidos en los últimos años en este país, haciéndolo cada vez más vulnerable. Ni siquiera los más agudos debates durante las campañas electorales presidenciales del pasado como, por ejemplo, el encendido debate entre la entonces candidata demócrata Hillary Clinton y el hoy presidente por el Partido Republicano, Donald Trump, pudieron frenar este flagelo ciudadano que se ha convertido en uno de los mayores traumas en la Nación más poderosa de la Tierra. A estas alturas, nadie puede asegurar que los asesinatos por esta modalidad vayan a acabar, pues las penosas estadísticas avizoran todo lo contrario.

Estados Unidos ha dejado de ser un país seguro, de lo cual se ufanó en el pasado. En efecto, a la inseguridad que comenzó a cundir imparable luego del atentado del 11 de setiembre de 2001 en Nueva York y en Washington, ahora se suma este flagelo, uno de los más serios problemas para la potencia. Será en adelante otro agudo problema en el frente interno que tendrá que afrontar Donald Trump, que se opuso decididamente al control de armas ciudadanas promovido por la referida exsecretaria de Estado. Si no lo hace, el propio Trump se volverá más vulnerable ante una oposición demócrata, que busca a como dé lugar destituirlo por el asunto de la trama rusa en la campaña que le dio la victoria. A Trump no le quedará otra alternativa que establecer políticas restrictivas al uso de armas. Este complejo asunto ya se ha convertido en el nuevo Talón de Aquiles para la Casa Blanca y para el propio presidente neoyorquino. La sensación de la mayoritaria opinión pública estadounidense es que Trump no lo hará, porque sistemáticamente ha venido haciendo todo lo contrario a las políticas de su antecesor Barack Obama. Sería lamentable que así fuera, porque ello restaría a la idea de verlo como un estadista.

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