Opinión

ESTADOS UNIDOS Y CUBA EN EL TERCER AÑO DE LA REAPERTURA DE SUS EMBAJADAS

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

20 de Julio del 2018 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Hoy se cumplen tres años del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos de América y Cuba. Para muchos fue un acto de política bilateral increíble. Tan solo ocho meses atrás, el 17 de diciembre de 2014, Barack Obama y Raúl Castro, presidentes en ese momento histórico de EE.UU. y Cuba, respectivamente, sorprendieron a la opinión pública de sus países, anunciando la decisión de sus gobiernos de la normalización política entre Washington y La Habana. Habían pasado 54 años desde que el gobierno de Dwight D. Eisenhower, el 3 de enero de 1961 -eran sus últimos días en la Casa Blanca-, decidió cerrar la Embajada de su país en Cuba. EE.UU. al advertir que el régimen de Castro se había mostrado determinadamente marxista y comunista, pero sobre todo aliado de la Unión Soviética, su rival en ese momento en plena Guerra Fría, decidió derrocarlo. Tan solo seis días después del cierre de la misión diplomática estadounidense, se produjo la frustrada invasión de Bahía de Cochinos. Luego vendría, en octubre de 1962, la denominada crisis de los misiles siendo presidentes John F. Kennedy y Nikita Kruschev, que solamente acabó con el retiro del referido arsenal nuclear por Moscú y la decisión de Washington de no intentar nuevamente la caída de la revolución comunista en la isla, que para ese entonces iba por su tercer año.

En más de medio siglo, la política exterior de EE.UU. ha sido latigar a Cuba, bloqueándola económicamente. Para el expresidente Barack Obama, la actitud de EE.UU. en ese medio siglo debía acabar y por ello decidió el acercamiento a Cuba, que por supuesto fue correspondido por el agónico gobierno castrista. En la actualidad, Donald Trump no hará nada para entorpecer el nivel político y diplomático al que han llegado ambos países, por más que su retórica desde cuando era candidato haya sido criticar el acuerdo de su predecesor con Raúl Castro, porque se trata de un asunto de Estado que no es negociable. El nuevo presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, lo sabe y para afianzarlo también sabe que solo será cuestión de tiempo.

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