Lo sucedido el sábado por la noche en la región Junín, en que un sismo de mediana intensidad dejó seis muertos, decenas de heridos y 300 damnificados, ilustra el grado de vulnerabilidad en que se encuentra al país en momentos en que los expertos vienen reiterando la urgencia de tomar medidas de prevención ante el gran terremoto que se espera en el Perú.
El sismo que tuvo epicentro en la provincia de Chupaca fue de magnitud 5,1. No fue muy fuerte, pero los daños han sido considerables. De haber llegado a magnitud 7 o más, es fácil imaginar el nivel de los daños humanos y materiales que estaríamos lamentando.
En líneas generales, el Estado ha reaccionado a tiempo con el envío de ayuda. Sin embargo, ayer el gobernador regional de Junín, Zósimo Cárdenas, ha indicado que mucha gente que se encuentra en casas en riesgo de colapso teme abandonar sus propiedades por temor a los saqueos. Acá las Fuerzas Armadas podrían brindar la seguridad requerida.
Pese a estar en una de las zonas más sísmicas del planeta, estamos en pañales en cuanto a prevención destinada a mitigar los daños de un fuerte sismo. Jamás en el Perú hemos tenido real conciencia de la necesidad de trabajar para que los daños sean mínimos en caso de terremotos.
El trágico suceso del fin de semana debemos tomarlo como una advertencia. El nuevo gobierno tiene por delante el gran reto de comenzar a trabajar por la prevención, esta vez en serio.
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