Opinión

Ética y conciencia emocional para formar ciudadanos íntegros

Para que nuestros niños y jóvenes se conviertan en ciudadanos éticos, necesitamos abrir nuestras mentes y corazones

04 de Agosto del 2018 - 07:19 Annemie Cuculiza Brunke

A raíz de la crisis moral que atravesamos como país y ciudadanos, nos preguntamos: ¿Cómo hacer para formar ciudadanos verdaderamente éticos que puedan enderezar la columna vertebral de nuestra sociedad? Las relaciones pedagógicas son fundamentalmente éticas, en donde el adulto debe ser perceptivo y mantenerse atento a las situaciones particulares que atraviesa cada niño con quien se relaciona. En palabras del filósofo Emmanuel Levinas, la experiencia ética es una en la que “no podemos evitar responder con responsabilidad por el otro” (1969).

Ejercitar la ética, discernir lo correcto de lo incorrecto, requiere permanecer abiertos a la duda y a los cuestionamientos. Y ya sabemos que no podemos separar el mundo emocional del racional. Recordemos que lo que no se verbaliza y expresa, se actúa.

Para que nuestros niños y jóvenes se conviertan en ciudadanos éticos, necesitamos abrir nuestras mentes y corazones, abrazar la duda y permitir que el mundo emocional real se exprese. Esto implica lidiar con emociones difíciles como la rabia, envidia, miedo o agresión. Sin embargo, al permitir la expresión de estas emociones en un espacio seguro -que deberían ser la escuela y la casa- tenemos la oportunidad de reconocer la realidad y, por tanto, transformarla.

Un niño que siente envidia y que encuentra un espacio adecuado para expresarla, sin sentirse juzgado, puede desarrollar herramientas para transformar este sentimiento en acción creativa. Un niño que no encuentre dónde ni cómo expresar su envidia, aprenderá a ocultarla y esta crecerá, sumándose a otras emociones que eventualmente serán llevadas a acciones; con seguridad faltas de ética.

Para formar ciudadanos íntegros y éticos, primero necesitamos mirarnos como adultos y revisar cuántas emociones difíciles hemos ido acumulando en vez de procesar y transmutar. Este camino nos llevará a una libertad radical. En palabras de Maxine Greene (1988): “Una profesora en búsqueda de su propia libertad puede ser el único tipo de maestro que pueda despertar a los jóvenes a ir en búsqueda de la suya propia”.

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