Como no podía ser de otra manera, en las protestas de diversos sectores bolivianos contra el gobierno de Rodrigo Paz está la nefasta mano del comunista Evo Morales, el dirigente cocalero que con su exsocio Luis Arce gobernaron por 20 años el país altiplánico hasta hundirlo en la miseria, y que ahora aprovecha el caos reinante para movilizar a su fuerza de choque a fin no responder ante la justicia por las graves acusaciones de pedofilia que pesan en su contra desde hace varios meses.
Hoy Bolivia es un polvorín con escenas de vandalismo y saqueo en La Paz y otras ciudades, en contra de las reformas, especialmente de orden constitucional, que trata de hacer el gobierno de Paz tras casi dos décadas del “modelo boliviano”, que ha ocasionado el espanto de la inversión privada que genera empleo y la caída de la economía. Son los efectos de políticas fallidas que varios desde la izquierda peruana, fieles seguidores del degenerado de Morales, sueñan con aplicar en estas tierras.
En las últimas elecciones generales el pueblo boliviano votó masivamente contra Morales, Arce y todo lo que representan, muy consciente del descalabro al que llevaron la política y la economía del país. Sin embargo, gremios, sindicatos y los cocaleros violentistas azuzados por el exmandatario con serios problemas legales, están en las calles tratando de imponerse a punta de ataques a la propiedad pública y privada, bloqueos de vías y enfrentamientos con la policía.
¿Y en el Perú qué dicen los seguidores del pedófilo del altiplano que se promocionan como “demócratas”? Nada, pues son socios de Morales. Además, qué van a condenar lo que sucede en el vecino país, si defienden a un golpista como Pedro Castillo y a su imitador Roberto Sánchez. La democracia y el respeto a lo que dicen las urnas les interesa un rábano. Para ellos manda la revuelta, la llanta quemada, la toma de aeropuertos, la bomba molotov contra la policía, la destrucción de paraderos y el ataque con piedras a buses. Son el caos.
Y pensar que en tiempos de Castillo, Morales llegaba al Perú y hasta contaba con escolta policial. Incluso el profesor soñaba con dar una salida soberana al mar al país altiplánico. Una vergüenza, casi una traición a la patria. Ojalá el pueblo peruano tome el mismo camino del votante boliviano, que hace pocos meses le dijo adiós en las urnas al “socialismo del siglo XXI” puesto en marcha por un pervertido aliado de Cuba y Venezuela que ahora está moviendo las calles para no ir preso.