Opinión

EVO MORALES BUSCA RENTABILIDAD POLÍTICA

Columna: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

30 de Octubre del 2017 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Puede ser que Evo Morales quiera llamar la atención con sus recientes declaraciones por Twitter, asegurando que Chile hizo una propuesta indecente a Bolivia en 1975, cuando Augusto Pinochet -gobernante mapocho- ofreció a su homólogo boliviano Hugo Banzer, en Charaña, una salida al mar para La Paz por un corredor de 10 km a cambio de la entrega de territorios y derechos sobre agua dulce de Bolivia, y, además, formar una alianza en contra del Perú. El capítulo chileno de esta historia lo sabemos de memoria. Parece que Evo quiere volver a las estrategias del pasado que le dieron evidente rentabilidad política; es decir, Morales está ocupándose otra vez del asunto de la mediterraneidad boliviana, conociendo que se trata de un tema altamente sensible para los altiplánicos, sobre todo cuando la relación boliviano-chilena está judicializada en la Corte Internacional de Justicia con dos demandas: una, la boliviana, para requerir a la Corte de que obligue a Chile a sentarse en una mesa para negociar una salida al mar para los bolivianos; y la otra, chilena, donde este país actúa de demandante pidiendo a la Corte que se reconozca al Silala como un río internacional. Pero, ¿por qué hacerlo ahora? Por supuesto que no es gratuita la actitud de Evo. Su deseo de seguir al frente del poder en Bolivia lo ha llevado a mostrarse obsesivo. Morales actúa a contracorriente de lo que quiere la inmensa mayoría de sus compatriotas y lo más grave es que eso a él no le importa. Cree que si coloca en la palestra política el asunto con Chile le traerá resultados positivos, pero está en un completo error. La actitud de Evo es propia de los nefastos caudillos de nuestra región, quienes con sus actuaciones le han causado mucho daño a nuestros países. Evo podría acabar muy mal. Debería ser sensato y parece no quererlo. No tienen idea de que todo lo que haga o diga jamás será apreciado jurídicamente por la Corte, que no suele considerar los discursos y actitudes políticas. Debería sopesar las cosas con realismo político.

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