Ante el inminente triunfo electoral de Keiko Fujimori, la enemiga irreconciliable de cierta izquierda peruana que vive adornada de laureles autoimpuestos y en el sacrosanto espacio de la pureza moral, los derrotados tienen que recurrir a la narrativa del fraude para no someterse a la decisión electoral del pueblo peruano. El partido Juntos por el Perú y sus aliados ideológicos muestran evidentes signos de impaciencia como si todos ellos, dominados por la ira desencadenada y la impotencia, estuvieran hirviendo en el caldero de la desesperación. El pintor Gustave Courbet –del autorretrato El desesperado–, y el médico ruso Iván Pávlov –del caso “los perros de Pávlov”–, bien podrían estudiar las facciones y comportamientos de esta izquierda que ha perdido la compostura y se encuentra exhalando azufre. Cierta izquierda antidemocrática no piensa someterse a los dictámenes de los organismos electorales constitucionalmente autónomos que deben reflejar fielmente la voluntad del cuerpo de los electores. Los derrotados ya no solo repiten hasta el cansancio las palabras que integran el mantra antifujimorista; ahora han incorporado la palabra “fraude” a su narrativa. ¡Juntos por el Perú es un auténtico volcán en erupción! Para ellos, el virus corruptor fujimorista ha sido inoculado a todas las instituciones estatales, de modo que todas, sin excepción, responden a los intereses de Fuerza Popular. Esta izquierda incendiaria se niega a reconocer su derrota y prefiere utilizar la estrategia del fraude para aplacar la pérdida electoral. Roberto Sánchez, que saboreó anticipadamente el dulce triunfo en el balcón, hoy tritura la amarga derrota.
EXHALANDO AZUFRE, columna de Alejandro Martorell
Licenciado en Ciencia Política