Opinión

FBI: ¿DONALD TRUMP EN SU PROPIA TRAMPA?

​Donald Trump, presidente de Estados Unidos de América, debió pensar dos veces su abrupta decisión de destituir al jefe del Buró Federal de Investigaciones, archiconocido simplemente como FBI, James Comey. La intuición de los cerebrales pensadores de una de las instituciones más respetadas del país, creada en 1908, como la principal rama de investigación criminal del Departamento de Justicia del país -aunque muchas veces ridiculizada-, sobre la dinámica de la seguridad estadounidense, se estaría superponiendo con el objetivo de llegar hasta el fondo del asunto.

16 de Mayo del 2017 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Donald Trump, presidente de Estados Unidos de América, debió pensar dos veces su abrupta decisión de destituir al jefe del Buró Federal de Investigaciones, archiconocido simplemente como FBI, James Comey. La intuición de los cerebrales pensadores de una de las instituciones más respetadas del país, creada en 1908, como la principal rama de investigación criminal del Departamento de Justicia del país -aunque muchas veces ridiculizada-, sobre la dinámica de la seguridad estadounidense, se estaría superponiendo con el objetivo de llegar hasta el fondo del asunto. 

Si Trump creyó neutralizar la investigación que llevaba adelante el defenestrado jefe del FBI, parece haberle salido el tiro por la culata, porque habría desnudado, sin querer queriendo, una de sus mayores vulnerabilidades, que a la postre podría poner en jaque su estabilidad al frente del Estado.

No sería la primera vez que le podría pasar a un presidente en ejercicio de la nación más poderosa de la Tierra una situación por cierto compleja que lo termine llevando al abismo político. A Richard Nixon, aunque por un asunto totalmente distinto, le costó el cargo, debiendo renunciar de modo inexorable en 1974. Los tradicionales y pétreos exponentes de la investigación y de la seguridad apostados en Washington jamás perdonarían a un presidente mantener contactos a tono de alianzas o adicciones o afinidades con hombres clave de Moscú. 

El pasado con Rusia nos releva de mayores esfuerzos de explicación. Aunque ambos países no viven una nueva Guerra Fría -acabó técnicamente con la caída del Muro de Berlín (1989)-, con Moscú la relación no es ni será la mejor ni la ideal. Sumidos ambos Estados en una notoria rivalidad, luego de la Segunda Guerra Mundial, y hasta aquella referida debacle ideológica del comunismo, en realidad esa impronta se ha seguido manteniendo y por eso la connotación in extremis de que sea primero con Rusia y, segundo, desde un presidente estadounidense. El sistema judicial de EE.UU. sí funciona y ese sería el mayor terror de Trump en adelante.

tags