Opinión

Filipinas: primer balance sobre Rodrigo Duterte

​Va medio año del gobierno de Rodrigo Duterte, presidente de Filipinas -lo será por 6-, que, guste o no, por sus macabras declaraciones, concita la atención internacional.

22 de Diciembre del 2016 - 07:48 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Va medio año del gobierno de Rodrigo Duterte, presidente de Filipinas -lo será por 6-, que, guste o no, por sus macabras declaraciones, concita la atención internacional. Ha colisionado deliberadamente con el ahora saliente presidente de EE.UU., Barack Obama, al que sin inmutarse insultó llamándolo “hijo de puta” en el contexto de una reunión que fue congelada por Washington -era lo esperado-, y que se iba a dar en el marco de la última reunión del G20 en China. Siguieron más insultos ganando páginas en los medios internacionales y de paso ha comenzado a desequilibrarse, pues acaba de decidir iniciar un proceso de eliminación sistemática de narcotraficantes y ladrones que viven en un país de 102 millones de habitantes. No creo que sus actitudes encajen en el refrán “Escobita nueva barre bien”, porque sus controvertidas acciones jamás pueden ser avaladas aunque haya obtenido el poder democráticamente. Decir que aplicará la pena de muerte es ir contra el derecho filipino. Duterte, desde que asumió el gobierno en junio de este año, ha llevado adelante una cacería sin cuartel de los comerciantes de drogas y ladrones en el país. Según reportes de observatorios internacionales de derechos humanos, al dislocado mandatario asiático se le imputa una verdadera carnicería humana indiscriminada -cerca de 4500 muertos-. Duterte se olvida que dirige los destinos de un país católico donde la pena de muerte es muy sensible y en el que las prácticas coercitivas (uso de la amenaza) y coactivas (uso de la fuerza) al final terminan siendo rechazadas política y socialmente, por más que los sectores conservadores apoyaran su promesa de campaña para acabar con el narcotráfico. Así no se pone orden ni se hace justicia. Primer balance negativo.