El año que termina, puede ser considerado uno de los más dramáticos en la historia reciente del país. Primero fue la pandemia y la esperanza que generó el inicio del proceso de vacunación, que luego se apagó con la agitada primera vuelta y con la polarización que se instaló en la segunda.

El gabinete Bellido, llevó a una gran crispación social e impidió cualquier luna de miel entre la opinión pública y el recién posicionado Gobierno; con la llegada al gabinete de Mirtha Vásquez, bajó la tensión anterior, pero comenzó la aceleración del desgaste presidencial a partir de los ministerios (el promedio de la duración de un ministro en el cargo, llegó apenas 11 días) y los escándalos que sucedieron semana tras semana y que involucraron el tráfico de influencias y corrupción en la contratación pública.

Este año fue de infarto, el país se llenó de miedo y eso nos costó la mayor salida de capitales en la última década, por su parte el periodismo de investigación, recobró vigor luego de permanecer tantos años en segundo plano y como nunca antes, la salud de nuestra democracia depende en gran medida de la actuación del Poder Judicial y el Ministerio Público.

Los balances hay que hacerlos y nos sirven para prepararnos a futuro. A pesar de la persistencia del COVID-19 y la inestabilidad política, les deseo a todos un 2022 lleno de bendiciones.