Opinión

Fríos como la lluvia

COLUMNA: Renato Sandoval González

01 de Marzo del 2019 - 07:00 Renato Sandoval

“Lluvia, tus besos fríos como la lluvia…”, cantaba el salsero Eddie Santiago sin imaginar el estado del norte peruano, donde estamos cansados de las “caricias” de las autoridades. La Autoridad para la Reconstrucción con Cambios (RCC) es un fracaso y hay que decirlo sin temor a empaparnos de críticas.

A solo días de cumplirse dos años de la tragedia de 2017, no es posible que la RCC no haya podido inaugurar ninguna importante obra de prevención o reconstrucción. La burocracia nos consume desde hace dos años con expedientes técnicos que luego terminan en los tachos de basura. Y la exoneración de trámites tampoco ha sido la panacea.

Sobre las deficiencias de la RCC hemos escrito hasta el hartazgo. No se trata de poner zancadillas a un ente que solo busca lo mejor para las ciudades del norte, sino de exigir resultados. Esta entidad creada por Pedro Pablo Kuczynski y avalada por Martín Vizcarra no da frutos, todavía está verde.

La estructura de responsabilidades para reconstruir el norte está mal diseñada. Tenemos en Edgar Quispe a un funcionario de alto rango que no funge de director de orquesta de la RCC. En cada región, quienes elaboran la supuesta reconstrucción son empleados de confianza de gobernadores y alcaldes que ni idea tienen de los cambios.

¿Cómo un ingeniero del gobierno regional puede elaborar un expediente para reconstruir si solo ha hecho carreteras, hospitales o colegios? ¿Qué aporta un jefe de obras de la municipalidad si más sabe de veredas que de estructuras complicadas, como un puente o un sistema de canaletas para el desfogue del agua?

Esas personas son quienes están verdaderamente detrás de la reconstrucción. Son estos funcionarios quienes envían los expedientes a Lima, son revisados y aprobados. ¿Se sabe al detalle de las obras de prevención y reconstrucción para cada región? ¿El señor Edgar Quispe comunica a la ciudadanía o solo despacha con el primer ministro César Villanueva?

La palabra reconstrucción quedó grande. De repente nos equivocamos y pensamos que una reconstrucción significaba contar con una mejor ciudad, cuando solo era hacer lo mismo, pero más lento. Qué cantaría ahora Eddie sobre la lluvia. 

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