Opinión

Fuegos artificiales

COLUMNA: IVÁN SLOCOVICH

03 de Septiembre del 2019 - 07:30 IVÁN SLOCOVICH PARDO

Para el Perú hubiera sido mucho más productivo que el presidente Martín Vizcarra procure ganar popularidad enfrentando decididamente a la delincuencia callejera que cada día se incrementa, antes que pechando a un desprestigiado Congreso de mayoría fujimorista, pues a la larga, en su afán por ganar réditos y subir en las encuestas que le quitan el sueño, nos habría librado de tantos asesinos, ladrones, asaltantes, arrebatadores y “marcas” que andan sueltos.

Si el jefe de Estado estaba dispuesto a hacer una “cruzada” para subir su aceptación y generar olas a su favor, debió ponerse al frente de la lucha contra la delincuencia antes que pegarle al Congreso, pues esto último, si bien genera ruido y aplausos efímeros, a la larga será absolutamente irrelevante y en nada servirá para mejorar las condiciones de vida de los peruanos, que exigen soluciones a sus problemas del día a día.

El fin de semana último hemos visto cómo en Chiclayo siete hampones peruanos y venezolanos irrumpieron en un centro comercial, en plena hora de atención, para robar. Clientes y trabajadores del local vivieron momentos de pánico hasta que los maleantes fueron detenidos. Horas después, una pareja de esposos con un bebé de ocho meses en brazos fue baleada en la puerta de su casa de Miraflores, en un intento de robo de un reloj. ¿Quién detiene esto? ¿Dónde está la autoridad?

Lamentablemente, el presidente Vizcarra está dispuesto a irse sin haber adoptado grandes medidas contra el hampa. Quizá la más importante haya sido expulsar a varios grupos de venezolanos con antecedentes, pese a las críticas de algunos demagogos que creen que eso es “discriminación” o “xenofobia”, cuando de lo que se trata es de echar a los malos elementos y dejar a todos los demás que sí vienen a trabajar y a aportar al país que los ha recibido con los brazos abiertos.

Estoy seguro de que bajando los índices de criminalidad el presidente Vizcarra hubiera sido muy popular y por una razón válida y productiva, antes que por los fuegos artificiales de sus broncas con un Congreso desprestigiado por sí solo. Habrá que esperar al próximo gobierno para ver si el nuevo mandatario asume su rol de verdadero líder y se pone al frente de la gran cruzada que se necesita para sacar de circulación a los criminales que andan sueltos.

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