Opinión

Fujis atrincherados

Keiko y varios miembros del nuevo fujimorismo parecen no avalar el indulto del líder histórico

28 de Enero del 2018 - 09:15 Pedro José de Zavala

La situación de Fuerza Popular no termina de aclararse y parece que se encuentra en un punto muerto. Por una parte, Kenji no pretende renunciar al partido ni tampoco someterse a los procesos disciplinarios de este. Como ha declarado, se quedará atrincherado dentro de FP y continuará con las acciones en pos de la gobernabilidad del país. FP podría expulsarlo del partido; sin embargo, esto parece poco probable, pues implicaría un cisma en el cual todos terminarían perdiendo. Por otra parte, lejos de reducirse el ruido político del indulto del expresidente Alberto Fujimori, este se ha mantenido y está atravesando varias complicaciones: la inclusión de AF como acusado en el caso Pativilca, la audiencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos a realizarse en febrero y, por si fuera poco, el pronunciamiento del defensor del Pueblo, que terminó con una acusación constitucional contra este por parte de uno de los congresistas que simpatizan con Kenji Fujimori.

Si bien no pareciera que el expresidente indultado pueda perder su libertad, la realidad es que a corto plazo la protesta social y las acciones legales que se han suscitado limitan muchísimo su actuar político, ya sea en el respaldo a cualquiera de sus hijos como en la búsqueda de una reconciliación.

Por último, Keiko y varios miembros del nuevo fujimorismo parecen no avalar el indulto del líder histórico, además de no estar dispuestos a iniciar la reestructuración del partido que Kenji exige como requisito para la unificación. Cada una de las partes está atrincherada en su posición y atrapada en ella; temen que cualquier acción pueda llevar a un cisma, claramente el peor escenario.

Esta situación ayuda a la gobernabilidad del país a corto plazo, pero es claro que un quiebre de esta naturaleza dentro de la principal fuerza política del país no es una buena noticia a largo plazo. El fraccionamiento del partido solo reforzaría la debilidad de los partidos políticos en general, causando una atomización del electorado y favoreciendo a líderes cuyas intenciones y principios, en algunos casos, dejan mucho que desear. Lamentablemente, esto lo podremos comprobar en las próximas elecciones regionales y municipales.

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