Nos quedó corta la columna del último domingo sobre las trampas de la ley en las contiendas electorales. Ahora resulta que un tipo de reelección encubierta es cederle la posta a un familiar para que continúe con la gestión, y no dejaría de ser cierto que padres, hijos, esposos, hermanos y gente consanguínea estarían sacando provecho a su cercanía y los vacíos de la ley, que tampoco impide su postulación. De esta manera, quedaría en los electores la decisión de seguir o no, como una lavada de manos.
Hace unos días, el constitucionalista Natale Amprimo, en su columna en El Comercio, cuestionó al presidente del JNE, Roberto Burneo, por permitir que los candidatos violenten la ley que prohíbe la reelección, a propósito de los alcaldes que quieren repetir el plato. Efectivamente, la ley prohíbe la reelección. Pero, lamentablemente, deja abierta la interpretación del alcance de esa limitación. Por ejemplo, como es el asunto de esta columna, si un familiar cercano postula al mismo cargo de un alcalde o gobernador no hay norma que lo impida, aunque se maquille la realidad. En este caso, el JNE debe analizar si nos están dando gato por liebre, como una manera de vendernos una continuidad camuflada mediante el familiar candidato.
Así también, es sabido que el uso de la imagen de la autoridad es una forma de aprovechamiento indebido, que tampoco nadie ha advertido. Paneles, pancartas, anuncios en medios, todo vinculado al reflejo del alcalde o gobernador que anuncia sin descaro la continuidad de la gestión. Mañana más tarde serán los candidatos presidenciales, como ocurrió con los Kirchner en Argentina, con el riesgo del aprovechamiento de los recursos públicos en la familia. ¿Habrá algún cambio o seguiremos comentando al respecto?
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