Pegado a Grau está el glorioso monitor Huáscar, también de enorme trascendencia para el imaginario colectivo nacional, luego de la guerra de 1879. El 21 de mayo de ese año, bajo el mando del Gran Almirante, se enfrentó a la corbeta chilena Esmeralda, comandada por el capitán de fragata Arturo Prat, muerto en combate. Hundimos a la Esmeralda y sus náufragos salvados gritaron “Viva el Perú generoso”. En ese momento, el hijo de Paita, a mi juicio, ingresó en la galería de los grandes como Nelson en Trafalgar (1805), constituyendo su gesto de amor al prójimo, un hito para la novísima doctrina del derecho internacional humanitario. Por su conducta en Iquique, valorando a la vida humana, convertida en bien jurídico máximo, Grau debe ser considerado “Precursor del Derecho Internacional Humanitario” -tarea pendiente para el Congreso-, porque respetó como nadie en la historia del derecho de la guerra, y las condiciones de vulnerabilidad humana en medio del conflicto armado. Grau, en una carta dirigida a Carmela Carvajal Vda. de Prat, en la idea de atenuar su dolor por la muerte del esposo, lisonja la figura del valiente chileno abatido en el combate. Pero una vez inmolados Grau y sus hombres el 8 de octubre, como hoy, de 1879, el Huáscar se convirtió en trofeo de guerra que conserva Chile en Talcahuano (Concepción), y que por esa condición nunca jamás debe pedirse o formular reclamo -no vuelvan a cometer el vergonzoso papelón de solicitarlo y sin escrúpulos politizarlo-, pues hacerlo será un insulto a la memoria de quienes perdieron la vida heroicamente en el buque. Si el Huáscar algún día regresa será porque Chile decida devolverlo, algo que por cierto no sucederá porque es parte constitutiva de su memoria colectiva de la victoria; sin embargo, en el remoto caso de que ello suceda, entonces, lo será para quedarse para siempre entre nosotros, y en ese instante deberá ser hundido por respeto a los caídos. Cultivemos nuestra calidad y consciencia marítimas y para ello desde niños deberíamos saber exactamente en qué consiste la tesis de las 200 millas -persiste la confusión- y fortalezcamos a instituciones como la Asociación Nacional Pro Marina del Perú, fundada en 1909 y el Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú, creado en 1973, que permanentemente relievan el legado de Grau y a la MGP.