Opinión

GUAIDÓ NO DEBE CREERLE NADA A MADURO

COLUMNA: MIGUEL ÁNGEL RODRÍGUEZ MACKAY

12 de Junio del 2019 - 07:00 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

En política jamás se confía. El presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, se ha dado cuenta de que las negociaciones emprendidas en Oslo con el régimen de facto de Nicolás Maduro son en vano. Por ello, y curado de las buenas intenciones con que se debe negociar, parece haber aprendido que en política la confianza aparece relativizada. Lo voy a explicar. Es duro decirlo, pero es el realismo político el que lo manda. No existe ningún científico de las ciencias sociales que diga lo contrario, y lo anterior no tiene nada que ver con la indispensable carga de buena fe con que se debe negociar, que es distinto. La razón es una sola: Nicolás Maduro quiere mantenerse en el poder, y para ello astutamente busca mil argucias, pero todas ellas tienen un límite. No es que Guaidó patee el tablero. No. El Gobierno avalado en la Constitución Política de Venezuela sabe que su marco de acción es la propia Carta Magna. Maduro, que está al margen, la pisotea y se ha vuelto pragmático y hasta se vale de artimañas propias de una dictadura, como mostrar ahora facetas de reconciliación o antes de victimización. Guaidó ha decidido no participar más en Noruega porque el eje central de las negociaciones debió ser la renuncia al poder de hecho que sostiene a Maduro. El calendario del también presidente de la Asamblea Nacional de su país pasa por que cese la usurpación, se instale de pleno el gobierno de transición y enseguida que se convoque a elecciones democráticas con la asistencia de observadores internacionales en las que los chavistas incluso podrían participar sin ningún problema. A Maduro, como pasa a todo dictador, le cuesta muchísimo tener que dejar el poder aun sabiendo que la crisis de su país ha incrementado la diáspora, la mayor jamás vista en la región. Lo que pasará es que Maduro está terminando de crear las condiciones para que las fuerzas exógenas, que nadie quiere, lo saquen del poder, y seguramente no será por las buenas. Guaidó deberá mantenerse imperturbable en esa decisión. Sabe que su presidencia tiene apoyo de más de 50 países y no debería sentir la presión por no conseguir el objetivo rápidamente. Su regla y actitud en adelante deberá ser no creerle nada a Maduro.

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