Opinión

¿Ha comenzado el Waterloo de Donald Trump?

¿Pero qué lleva a la gente más cercana al hombre más poderoso del país a renunciar?

22 de Julio del 2017 - 08:40 Miguel Ángel Rodríguez Mackay

Todos los presupuestos del análisis político en Estados Unidos concluyen que la crisis que afronta el presidente Donald Trump estaría configurando su inexorable Waterloo y no estoy exagerando. En medio año de gobierno al frente de la nación más poderosa de la Tierra, Trump no se ha mostrado como el estadista que sus compatriotas esperaban, por lo menos los que votaron por él en las elecciones del 8 de noviembre de 2016. Los desaciertos del presidente son incontables y el tiempo de gracia para el mandatario ya es un asunto del pasado. La gente que colabora con el magnate neoyorquino en la Casa Blanca lo está dejando solo y eso lo vuelve sumamente vulnerable. El turno ahora corresponde nada más y nada menos que a su propio portavoz oficial, Sean Spicer, quien acaba de remover los cimientos del gobierno al anunciar su dimisión. ¿Pero qué lleva a la gente más cercana al hombre más poderoso del país a renunciar? Pareciera que la respuesta pasa porque la insolvencia de mantener una comunicación fluida y tolerante por parte del presidente es nula o no existe, debido a la prevalencia de la carga de su impaciencia. Nadie en su sano juicio podría pretender una conspiración para neutralizar el desarrollo político de la gestión del presidente Trump. Todo parece confirmar que el problema es el propio Trump, quien se ha mostrado difícil y complejo, con pocas reacciones para el consenso y -lo que es más grave- sin recursos para superar los estragos del gobierno. Trump no es un político tradicional, eso es verdad, pero también lo es que su experiencia en política es nula. Una mirada conclusiva parece indicar que Trump es informal en su visión del país, y eso es un pecado mortal. Confirma lo anterior el hecho de que también haría una reingeniería en el área legal. Lo cierto de todo es que Trump se presenta vulnerable, y eso sí es un enorme riesgo para él y su país. Un Waterloo (nombre de la batalla en Bélgica en que Napoleón Bonaparte fue derrotado definitivamente) para Trump en el tamaño de extremo no parecería descabellado.

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