Opinión

Ha muerto Eyvi Ágreda

En realidad, la asesinó también la sociedad maldita en la que le tocó vivir

02 de Junio del 2018 - 08:00 Eugenio D'Medina Lora

Fue ayer en la tarde. Sinceramente pensé que estaba en pleno proceso de recuperación y que su juventud la ayudaría. No solo la asesinó el desgraciado que le prendió fuego mientras estaba en un bus de servicio púbico, como podría estar un día alguna de nuestras hijas. No, no solo la mató ese miserable, a quien seguramente el “benevolente” sistema judicial peruano le encontrará algún refugio leguleyo como la incapacidad mental. En realidad, la asesinó también la sociedad maldita en la que le tocó vivir, hecha de gentes pusilánimes, incapaz de castigar y de detener a infelices como ese con medidas realmente draconianas y radicales.

No podemos sacar el cuerpo por siempre. El fracaso de la protección a la mujer -y el clima de inseguridad ciudadana que vivimos, en general- determina que sea imperativo reaccionar. Lo que le sucedió a Eyvi es una forma actualizada de terrorismo. No puede catalogarse de otra manera el hecho de que una persona suba a un bus y se encuentre a merced de ladrones, criminales… o de un maldito que suba con gasolina y le prenda fuego. Ya no estamos en tiempos de los carteristas de antaño, sino de cabales terroristas dispuestos a matarnos por quién sabe qué motivo.

Eyvi Ágreda se suma así a otros rostros, a otros nombres, a otras historias de mujeres víctimas de la insania de ciertos sujetos que avergüenzan no solo a los hombres, sino a la especie humana. Tipos que después reclamarán respeto a los derechos humanos, pero que carecen de esa condición, digan lo que digan los mercachifles profesionales de esos derechos y sus adlátares mediáticos. Recordaremos su nombre unos días, tal vez unos meses; luego ello pasará como un leve recuerdo. No obstante, quedará algo inamovible: nuestra indolencia para no hacer lo correcto, porque nos morimos de miedo de ser tildados de incorrectos. No necesitamos más palabras de nuestros políticos, sino acción concreta, tanto para elaborar leyes como para ejecutarlas. Descansa en paz, Eyvi.

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