El uno de enero de 1972, Luis Banchero Rossi fue asesinado. Tenía 42 años.

Después de trabajar como vendedor, ingresa a la industria pesquera instalando en octubre de 1955, en Chimbote, su primera fábrica de conservas de “bonito”. Tenía 26 años. Durante los 16 años de vida siguientes logró construir tres fábricas de conservas, ocho de harina de pescado a lo largo del litoral (desde Chicama hasta Ilo), cerca de 200 embarcaciones, un astillero y una empresa pesquera, Frescomar, dedicada a desarrollar la pesca de consumo humano directo y exportación. Funda los periódicos Correo y Ojo, crea Naviera Humboldt para el transporte internacional de mercancías, se compró el “Huandoy”, barco de 10,000 toneladas de carga, e inicia los primeros pasos para ingresar a la minería. Pero su mejor logro no fue crear todas estas empresas, sino el haber roto un “monopolio extranjero” sobre la comercialización de la harina de pescado, cuyo éxito fue poner al Perú como primer país pesquero en el mundo.

Quienes trabajamos junto a él no solo conocimos sus cualidades personales que tenía como emprendedor, empresario, líder e incansable trabajador, cuyo resultado fueron las empresas que creo y lideró, sino su trato humano hacia sus colaboradores, que quedará grabado en la vida de los que estuvimos allí. Para los que no lo conocieron, solo tres muestras: para el mundial de fútbol México 70 se premió con viajes a 120 trabajadores, entre pescadores (40), obreros (40) y empleados (40). Cómo no recordar que para el nefasto terremoto de ese mismo año, fuimos los primeros en llegar con una bolichera cargando 300 toneladas de víveres para aliviar a nuestra gente. Cómo olvidar que cuando se tuvo que trasladar una fábrica de puerto Chicama a Ilo, todos sus trabajadores quisieron irse con ella y se organizó y realizó su traslado con todas sus familias completas hasta ese puerto, a costo de la empresa.

Nuestro país y en especial la población más necesitada, urge de líderes honestos y capaces para que los saquen de esa situación. Tenemos como ejemplo no solo a Luis Banchero, sino también a personajes como Luis Bedoya Reyes, o Javier Pérez de Cuellar, líderes honestos que demostraron con hechos en sus respectivas hojas de vida y a niveles nacional e internacional. Sin embargo, en todos estos años hemos elegido ladrones, traidores e ineptos.

Nuestro Perú, con todas las riquezas que posee, merece el bienestar de países como Alemania o Japón, que después de sufrir grandes guerras han sido capaces de surgir y llegar a los grados más altos de desarrollo. Incluso China, país comunista que sufrió millones de muertes por creer “ideologías utópicas”, hoy defiende la empresa privada y está en pleno desarrollo.

Todo ello es posible si hay capacidad, honestidad y liderazgo.

Tenemos derecho a esperar ese futuro. Nos lo merecemos después de los últimos años plagados de delincuencia. Hoy la gente que quiere justicia y honestidad, es más. Debemos ser capaces de salir a la calle. Debemos ordenar y organizar ese despertar hacia ese gran objetivo.